¿Y CÓMO ES ÉL?

¿EN QUÉ LUGAR SE ENAMORÓ DE MÍ?

antonio-gasset-i6 DE OCTUBRE DE 1991. Hace poco más de dos meses se cumplieron exactamente veinticinco años de la emisión del primer Días de cine, emblemático programa- homenaje al séptimo arte a partir del título de un film de Woody Allen que hacía lo propio con la radio: Días de radio (1987). Me siento orgulloso de afirmar que fui testigo de ese momento y que lo recuerdo como si fuera antes de ayer.

Me enganchó desde el comienzo. Era muy diferente a los escasos y torpes intentos de la televisión, tanto pública como privada, de dar al cine la dimensión y grandeza que se merecía. Lo presentaba una jovencita actriz, Aitana Sánchez-Gijón; pizpireta, guapetona, simpática, era una buena comunicadora que rápidamente se metió en el bolsillo a los espectadores, espectadores que como yo estábamos ávidos de conocimiento cinematográfico y carnal, carnal y cinematográfico. Además, al ser en formato semanal, no tenía uno tiempo de echarlo de menos cuando ya te estabas frotando las manos el día de autos. Era como un máster acelerado de una hora, como si te tomaras una píldora de sabiduría y entretenimiento a la vez, pero no por prescripción médica sino por mera gana y devoción. Con el tiempo te das cuenta del carácter profundamente pedagógico y didáctico que tenía y todavía tiene. No se ha perdido ni un ápice de rigor y el nivel no ha bajado en absoluto.

Pasado un tiempo hubo rumores de cambio en cuanto a la persona que diera la cara ante la audiencia sin que se la partieran. Que le diera un giro de 360 grados al estilo, la dinámica y la forma de presentar el programa. Y entonces te conocí. Corría 1995 y unos ojos saltones invadieron la pantalla. Una mirada limpia e inteligente me observaba. Con tu lengua viperina, mordaz, caústica y sarcástica me cautivaste, bandido. Todo eso inmerso en un cuerpo enjuto, más propio de un personaje sacado del clan de los Monty Pythons. Yo tenía apenas veintidós años y tú te llamabas (afortunadamente aún lo haces) Antonio Gasset-Dubois. Fue amor a primera vista. Para contestar a la segunda pregunta, la del subtítulo de este artículo, te enamoraste de mí en un festival de Sitges, entre gritos de horror y sangre con tomate, durante un reportaje. Me guiñaste el ojo derecho y yo hice lo propio con el zurdo.

A partir de ahí fuimos inseparables. Un amor a distancia que se prolongó más de diez años. Las estaciones se sucedían. Mientras las flores y la naturaleza brotaban en todo su esplendor y tú te encontrabas en la Croisette, en pleno corazón de Cannes, visualizando cuerpos de infarto en la playa, yo apuraba el curso lectivo deseando pasear mis pies desnudos por la arena de otra playa; cuando el verano daba su último aliento de vida y aún los rayos de sol acariciaban mi piel, tú te introducías en los canales venecianos, disfrutando del cristal de Murano y de las palomas de la piazza San Marcos, viajando más tarde a la Bella Easo para comer como un rey y desafiar a los tontos del bote, que en todos lados los hay. Yo en cambio me apenaba al ver que el estío estiraba la pata, como cuando estás contemplando una hermosa puesta de sol y sabes que el astro va a desaparecer. Y finalmente, cuando el invierno estaba su apogeo, los propósitos de año nuevo ya se habían olvidado y los carnavales gaditanos nos hacían atisbar una sonrisa, tú te calzabas las botas, te ponías el jersey de cuello alto y te calabas el gorro de lana hasta las orejas. Te ibas a la puerta de Brandemburgo y desde Berlín pregonabas la maravillosa historia de una ciudad tan singular como cosmopolita, tan humana como ecléctica.

Al transcurrir del tiempo, como los buenos vinos, Días de cine ha crecido. Con todo merecimiento se ha convertido en una delicada, sobria e intensa isla emocional dentro del desértico panorama de la cultura en el medio televisivo patrio. El programa en su conjunto resulta magnífico. Los reportajes, además de ser muy amenos, tienen una calidad y un rigor informativo impresionantes. No sólo es cine. Aprendes a ser crítico con la historia, la religión, la política, el arte, la sociedad…Tus compañeros han desarrollado todos estos años un talento muy cercano a mis inquietudes cinematográficas e incluso culturales. Raúl Alda, Virginia García, Alberto Bermejo, Eva Núñez, Gerardo Sánchez o el mismo Alejo Moreno. Pero tú eres tú. Genio y figura hasta la sepultura. Tus reflexiones e intervenciones, entre irónicas y tiernas, resultaban políticamente incorrectas. Hoy día serían imposibles e improbables en la parrilla televisiva. Eran verdaderas perlas que siempre recordaremos.

Esos programas me hicieron, aparte de ser verdaderas cátedras, evolucionar y crecer como persona. Tú, Antonio, evolucionaste conmigo. Porque no sé si lo sabes, pero evolucionar constituye de alguna manera una infidelidad. A los demás, al pasado, a las antiguas opiniones de uno mismo. Cada día debería tener al menos una infidelidad esencial, una traición necesaria. Se trataría de un acto optimista, esperanzador; garantizaría la fe en el futuro. Una afirmación de que las cosas pueden ser no sólo diferentes, sino mejores. Bendita infidelidad.

Nunca estaré bastante agradecido a un programa que me enseña cada emisión a amar el cine sobre muchas cosas imbéciles e inútiles del mundo, a convertirlo en una forma de vida. Como decía André Bazin en el prólogo de El desprecio (1963), de Jean-Luc Godard, el cine sustituye nuestra mirada por un mundo más de acuerdo con nuestros deseos.

Para finalizar, que me estoy poniendo demasiado merengue, transcribiré una cita de esas que me gustaban tanto, y que una vez te sirvió para darnos la bienvenida a nosotros, los espectadores. Me parto la caja con tus frases dichas además con una seriedad que te hacían cuasi hermano de Buster Keaton. Ahí va:

“Días de cine, un programa dedicado a entretener a víctimas del insomnio, noctámbulos, parejas en crisis, politoxicómanos e incluso a algún aficionado al cine, está a punto de comenzar…”

P.D. Si habéis leído esto, sois la resistencia gassetiana…

 

Acerca del Autor

Pablo Solís del Junco
La Venganza de Alan Smithee junior

Comentarios

  1. Por Nuria García Santos

  2. Pablo Solís del Junco Por Pablo

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.