VIVIR EN OTOÑO

“El niño, inquieto ante esta noche tan diferente, gatea por la cama hacia el viejo. Se agarra temeroso al brazo ya paralizado y se pone en pie, su carita junto a la del abuelo, esperando, esperando… De golpe, su instinto le revela el desplome del mundo, la tiniebla vacía. El aletazo de la soledad le arranca la palabra tantas veces oída:
-Non-no -pronuncia nítidamente, frente a ese rostro cuyos ojos le buscan ya sin verle, pero cuyos oídos aún le oyen, anegados de júbilo”. José Luis Sampedro -“La sonrisa etrusca”.

Sus espaldas han ido encorvándose con el paso de los años. Sus miradas se han tornado blanquecinas y las manchas en la piel aparecieron ya hace años. Algunos han perdido parte de sus recuerdos. Se los puede ver caminar acompañados por un inevitable bastón, en silla de ruedas o en el mejor de los casos, erguidos aún, desafiando las leyes del tiempo y los embates de multitud de achaques y enfermedades. Han sido testigos de gran parte del siglo pasado y de los vertiginosos cambios del actual. Hablar con ellos, prestarles la atención que se merecen no es algo que hagamos con la frecuencia que deberíamos.

ancianos

A menudo caemos en la cuenta de esta injusticia cuando ya no hay vuelta atrás, cuando sólo podemos oír el eco de sus voces en el pasado, imaginarlos con la vista perdida en sus recuerdos y añorar sus abrazos. Decía arriba que algunos han perdido parte de sus recuerdos, pero cuando eso no sucede, es una delicia escucharlos y ver cómo se les iluminan los ojos ya cansados porque encuentran alguien que se toma interés por ellos. Son nuestra historia más reciente. Es un tópico muy manido decir que ellos lo dieron todo por nosotros, pero no podemos mirar hacia otro lado y negar la realidad de tal idea salvo escasas excepciones. Ahí están, dispuestos con mayor o menor estoicismo a ceder el testigo a unas nuevas generaciones, pero mientras llega ese momento están siempre prestos a echar una mano cuando sus vástagos lo requieren. Más que nunca ahora, que corren malos tiempos para muchísima gente. Ellos siempre estuvieron y aún hoy están ahí y cuando no pueden, es nuestro deber corresponderles.

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José Manuel Lasanta Besada
José Manuel Lasanta Besada

Comentarios

  1. Por Marta

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      • José Manuel Lasanta Besada Por José Manuel Lasanta Besada

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