VIAJEN CON NOSOTROS, SI QUIEREN SOÑAR

LA VIDA A 24 FOTOGRAMAS POR SEGUNDO

¡Ya estamos aquí! ¿Se acuerdan? Pero no, no vamos a meterles el miedo en el cuerpo, solamente les iremos inoculando el veneno, ese veneno que es el material con el que están fabricados los sueños. ¡Qué originales somos! En apenas dos frases hemos echado mano a dos clásicos.

     Bienvenidos a un viaje que esperamos sea largo y fructífero. Alguien a quien respetamos y empezamos a conocer más como amigo que como otra cosa (José Manuel in person), nos ha dado la oportunidad de hablar de nuestra gran pasión, el cine, en esta especie de patio abierto al mundanal ruido. Les extrañará que hablemos en plural, y es que aquí estamos el yo persona y el yo pseudónimo, realmente el que va a ser el abajo firmante de aquí en adelante y cada dos semanas más o menos. Del primero nada más que decir; del segundo (acabo de tomar las riendas del asunto separándome de ese ser pesado hecho carne y hueso) les explicaré quién soy brevemente, para que sepan de qué pie cojeo.

MelièsMeliès II

A finales de los 40 y comienzos de los 50 del pasado siglo, en plena guerra fría, una oscura sombra se cernió sobre Hollywood. Un senador de infausto recuerdo, Joseph McCarthy, lideró una campaña auspiciada por los presidentes norteamericanos Truman y Eisenhower contra todo aquel que hubiera tenido o tuviera que ver con el partido comunista. Hubo muchos actores, actrices, directores o guionistas (como otros muchos trabajadores del gremio) señalados con el dedo acusador, presionados, interrogados y finalmente ninguneados en su profesión por parte de sus propios compañeros, por miedo a las represalias o por lo que fuera. Algunos superaron el trance, otros no pudieron y se quedaron en el camino de muchas maneras. Los que lograron sacar la cabeza en esos ignominiosos tiempos lo hicieron con mucho apoyo de los pocos amigos de verdad que les quedaban, con mucha dignidad y más arrestos de los que hubieran soñado jamás. Y cuando finalmente lograban salir en los créditos de los filmes siempre firmaban con el mismo nombre: ALAN SMITHEE. Era un guiño que todos conocían, incluidos los seguidores de McCarthy, pero no podían hacer nada siempre que nadie se fuera de la lengua.

     Yo soy el hijo de ese hombre inexistente con un nombre tan simbólico. El hijo que viene a vengarse de los injustos y a honrar la memoria de su padre.

P.D. Si habéis leído esto, sois la resistencia…

 

Acerca del Autor

Pablo Solís del Junco
La Venganza de Alan Smithee junior

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