VARADOS

Un día, da igual si estaba o no anunciado, al volver la cabeza en la almohada, encontraron el vacío a su lado. El aire parecía haberse acabado. La soledad había llegado para instalarse en sus vidas.

Lo cierto es que la causa no siempre es la misma aunque el efecto suele ser parecido. Una separación, el ataque inesperado o no de una muerte demasiado prematura… van conformando una multitud de playas donde quedan varadas miles de vidas. Varadas, cuando no víctimas de algún naufragio.

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El dolor que sucede a una experiencia traumática por parte de quien ha vivido en pareja y poco a poco, o repentinamente se ve enfrentado a la soledad no siempre se supera fácilmente. El duelo acompaña a la persona en mayor o menor medida. A veces nos refugiamos en el reducto de nuestros hijos, pero sabemos que ese cobijo para nuestros sentimientos tarde o temprano también se debilita. Los hijos poco a poco también van abandonando el nido para vivir sus propias experiencias.

En estas circunstancias, parecería que el reloj que marca el paso de nuestras horas acelerase su velocidad y viésemos cómo de una forma opresiva nuestro tiempo se nos escapara de entre las manos.

Ignoro si Internet ha paliado en alguna medida la soledad que aqueja cada vez a más gente. Antes existían las agencias matrimoniales más o menos discretas. Ahora han proliferado como las setas los espacios que en la red sirven para poner en contacto a solitarios de perfiles que podrían encajar unos con otros, véanse Edarling, Meetic, etc. Romper hielos a través del teclado y la pantalla del ordenador.

En definitiva, la soledad, que siempre es terrible cuando no es deseada, tampoco tiene porqué ser definitiva. A fin de cuentas, cuando menos te lo esperas la vida da un giro de ciento ochenta grados y te reubica en un lado del camino más plácido.

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José Manuel Lasanta Besada
José Manuel Lasanta Besada

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  1. Por Marta

  2. Por José Manuel Lasanta Besada

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