UN PUNTO DE REFERENCIA

Nunca me ha preocupado la muerte. Solo cuando la he visto acercarse a mi orilla con el fin de arrebatarme a alguien querido, cercano. Así, como un oleaje a veces suave, a veces brusco. Contínuo, pero también aceptado la mayor parte de las veces. Observado con cierta distancia. La distancia que da el pensar que forma parte de nuestro paso por este mundo. Hace unos días me dijeron que había muerto el que fue mi maestro de artes marciales. Durante mis días como alumno suyo traté de serle leal. El oleaje se lo ha llevado demasiado pronto.

Ahora, cuando voy acercándome al medio siglo de vida, miro de vez en cuando al pasado y veo entre otras cosas territorios que no debí pisar, errores que no debí cometer. Me planteo el futuro, y lo contemplo sin miedo, pero sí con una cierta curiosidad no sé si rallana en la inquietud. A fin de cuentas, nunca se sabe tras qué esquina nos aguarda la última pisada, donde quedará nuestra última huella, nuestro último gesto.

Estela

Es este el artículo número doscientos que publicamos el amigo Pablo y el que suscribe en este espacio. Doscientas o más huellas que quizá hayan sido imperceptibles entre los millones y millones de mensajes lanzados al ciberespacio que conforman las playas por las que transitamos. Algún día nos iremos, solo quedarán como dijo Antonio, estelas en la mar.

Es este, el número doscientos, un mero punto de referencia. Un artículo más. Solo me gustaría que sirviese como eso, un punto de referencia. Un recuerdo de los que nos acompañaron un trecho de nuestro caminar y que de alguna forma u otra, nos marcaron.

D.E.P. José García y tantos otros y otras.

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José Manuel Lasanta Besada
José Manuel Lasanta Besada

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