SUEÑEN CON NOSOTROS, SI QUIEREN VIAJAR (y II)

PRÓXIMA ESTACIÓN: INICIÁTICOS

GE DIGITAL CAMERAEs posible que el viaje más emotivo para mí sea triple. Una auténtica genialidad. Vivir es fácil con los ojos cerrados (2013), de David Trueba. Digo esto porque resultan ser tres viajes en uno, como paquete completo, paquete Comansi. Tres personajes en busca de sí mismos se encuentran en el camino de la vida. No tienen nada que ver entre ellos. El chico rebelde huye de su padre y las normas establecidas, la chica embarazada se aleja de una situación y unas gentes tóxicas y va a ninguna parte, mientras que el profesor de inglés persigue un sueño: conocer a John Lennon en Almería, ya que el beatle rueda allí un filme británico antimilitarista, Cómo gané la guerra (1967). Se crea un vínculo muy especial entre tres personas que a pesar de estar rodeados se sienten solos e incomprendidos en una sociedad que les ahoga. Realizan un viaje al sur del sur, donde el mar nos hace sentirnos pequeños pero humanos. En este caso los tres riachuelos no van al mar para morir, como decía el poeta, sino para encontrarse con sus almas y así renacer. La terna de actores, encabezados por Javier Cámara, Natalia de Molina y Francesc Colomer, está de quitarse el sombrero. Desprenden complicidad, ternura, sinceridad y pura emoción. Ramón Fontseré en un pequeño papel me hace comprender que el talento natural es hermoso si se sabe utilizar en su justa medida. La música del grupo de Liverpool está presente todo el metraje. Hay dos momentos que me emocionan especialmente: uno cuando el profesor consigue tras muchas vicisitudes colarse en la caravana del músico, y el segundo cuando suena por vez primera Strawerry fields forever (una de sus primeras estrofas da nombre al título del filme, ya que Lennon compuso esa canción en ese instante, mientras rodaba en España); son de los más bonitos que he vivido nunca en una sala oscura. Pelos como escarpias y espinita dorsal de escalofrío.

Como empleado de la entonces Sevillana de Electricidad (actual Endesa), mi padre podía solicitar unos días de vacaciones veraniegas en alguno de los complejos dispuestos para las familias de los trabajadores. Había dos o tres lugares repartidos por toda Andalucía, y esa primera vez nos tocó en Órgiva, la capital de las Alpujarras granadinas. Eran mediados de los 80, quizá 1985, no lo sé. Tenía yo doce primaveras. Recuerdo muchas cosas, como esa orografía alpujarreña tan diferente a lo visto hasta entonces. Visité Granada y la Alhambra por primera vez. Hice muchos amigos, conocí lugares nuevos y fascinantes como los pueblecitos de Pampaneira, Capileira o Bubión, y también me bañé en ríos helados y playas con piedras a las que no estaba acostumbrado. Pero sobre todas las cosas tengo nítida en la memoria la cara de una chica. Se llamaba Cristina y era cordobesa. Rubia con ojos azules (ya empezaba yo a ser original. De Córdoba y con rasgos de centroeuropea. ¡Toma jeroma, pastillas de goma!). Fue la primera chica que me llegó al alma. Me enamoré como se enamoran los chiquillos, pero por supuesto no hubo nada que hacer. Era dos años mayor y ya tonteaba con chicos de su edad. Fue toda una iniciación a la universidad del romance. Optativa. Cuatro créditos. Suspenso. La historia de mi vida. Como le decía durante un paseo Pepe Sacristán a Fiorella Faltoyano en Asignatura pendiente (1977), tenemos que recuperar eso del amor que nos ha quedado en junio. Ya no tengo pendiente yo esa asignatura. Estudiando y estudiando he dado con la profesora oportuna, cada día es algo nuevo para mí, es todo un reto maravilloso; espero aprobar el examen…

Me encanta el olor del napalm por la mañana. Aquella colina olía a victoria. Son dos de las inolvidables frases que un loco Teniente Coronel Kilgore cita en la para mí más emblemática película sobre lo que significa el viaje de iniciación, que provoca un cambio interior en el personaje que se embarca en él. Apocalyse Now (1979), dirigida por el melómano y operístico Francis Ford Coppola, es una obra maestra indiscutible. El cineasta italoamericano se basó en la novela corta de Joseph Conrad El corazón de las tinieblas, escrita a finales del XIX. Ésta se centraba en la época colonialista europea en África, concretamente en el Congo belga, y denunciaba las brutalidades que se estaban cometiendo allí, en contra de la visión edulcorada, romántica y engañosa que hasta entonces se mostraba. Coppola lo llevó a su terreno, situando la acción en plena guerra de Vietnam. El Estado Mayor le da a un militar una clara misión: encontrar a Walter E. Kurtz, un Coronel que hace tiempo ha desaparecido en el corazón de la selva (y hay indicios que dicen que se ha vuelto loco), y posteriormente acabar con él. Willard, interpretado de manera más que convincente por Martin Sheen, acepta. Está hastiado de la guerra, cansado de vivir. La suya resulta ser una misión suicida, un sinsentido. A medida que va remontando en la barcaza el río Nung, va dejando de creer en el ser humano. Se encuentra con una fauna humana absolutamente enloquecida, con situaciones más propias del infierno de Dante. Los monólogos interiores de Willard son como escuchar una canción de Tom Waits: desprenden poesía y lirismo, a la vez que son oscuros y tenebrosos. Tienen grandeza de emperador pero también desprenden el mal olor de un borracho callejero. Provocan un dolor interno que me conmueve. Hablando de música y como seguidor incondicional de The Doors, la mítica canción The end nunca estuvo mejor utilizada en una obra fílmica. Estremecedor beginning and the end…

Última estación: Lisboa y Berlín. En el terreno personal, a ambas capitales europeas las he visitado en más de una ocasión. En la ficción, cientos de veces. En mi recuerdo, en un millón de ocasiones rememoré esos viajes. En esta pequeña historia de dos ciudades tuve la fortuna de ser invitado por personas muy queridas; lo que hace que esas jornadas sean iniciáticas es la circunstancia de estar buena parte de ese periplo solo, debido a temas que no vienen al caso. Y me sentí muy bien siendo no turista, sino viajero. Descubriendo dos urbes maravillosas a las cuales me iría a vivir con los ojos cerrados de par en par. Dos capitales pero que para nada lo parecen, ya que su ritmo vital es bastante tranquilo, está muy cercano a mi espíritu (o por lo menos son lo que yo necesitaría para calmarlo). Pongamos por ejemplo un día cualquiera: desde la Baixa voy caminando hasta llegar al barrio judío berlinés y su cementerio helado. Oteando desde el mirador de San Pedro de Alcántara diviso la Puerta de Brandemburgo. Paseando por Unter Den Linden alcanzo a subir al Castelo de Sao Jorge. Subo al tranvía 28 en Alfama y desemboco en la Isla de los Museos. Una tarde en la Ópera estatal de Berlín veo un Turandot futurista y ecléctico para luego cenar en buena compañía con la intimidad de los fados evocadores y tradicionales en el Café Luso. La mágica Sintra me envuelve con su hermoso Parque Natural y su surreal Palacio Da Pena mientras contemplo la cúpula que Norman Foster hizo para la rehabilitación del Reichstag. Mientras doy un paseo entre los árboles pelados de Krumme lanke voy saboreando un indeterminado número de Pastéis de Belém (con azúcar y canela en polvo, calentitos, ¡ummmm!), con el fin de endulzarme una helada boca. Los gatos que pueblan Lisboa y los numerosos graffitis de Berlín me salen al encuentro tras cada esquina. Amália y Pessoa invaden el aire lisboeta. El largo trozo de muro de Berlín en East Side Gallery hace que respire arte en libertad. Los olores del barrio turco y sus mercados…Y en el ocaso del día, cuando salgo de una sesión de la Berlinale en plena Postdammer Platz, cojo un hatajo hasta la Praça do Comercio para contemplar el atardecer sobre el Tejo. Muchos más recuerdos y sensaciones de dos ciudades tan diferentes y cercanas siempre se hallarán en mi corazón. No olvidaremos. Ni mi corazón ni mis pies cansados.

Para finalizar, y ya que he hablado de viajes a tutiplén, querría tener un recuerdo para una mujer que necesita un empujoncito en este momento. Viajes Guadalcacín es una pequeña empresa que requiere un local mejor y una situación más boyante dentro de este pueblo en el que vivo. Desde aquí hago un llamamiento al apoyo de las PYMES, que en muchos casos sustentan buena parte de nuestra economía. ¡Ánimo, Manoli!

VIAJES GUADA

P.D. Si habéis leído esto, sois la resistencia que viene de vuelta por esos mundos…

 

Acerca del Autor

Pablo Solís del Junco
La Venganza de Alan Smithee junior

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