SUEÑEN CON NOSOTROS, SI QUIEREN VIAJAR (I)

PRÓXIMA ESTACIÓN: INICIÁTICOS

MORITO CORDOBÉSDije hace no demasiado tiempo que me encantaban los círculos, eso sí, más como metáfora que como figura geométrica. Esta primera frase no parece tener demasiado sentido, pero si conservan la paciencia lo entenderán. En mi bautismo de fuego en este blog les invitaba a viajar para poder soñar, y hoy les invito a soñar para tener la posibilidad de viajar. La imaginación es poderosa si se tiene y se ejercita, y si no se posee hay que inventársela. Por eso este día cierra el famoso círculo. Perfecto, sin mácula y de tonos cobrizos y tornasolados. Pero con ello no voy a concluir mi andadura de estos más de dos años. Tengo ideas que me van surgiendo continuamente, que bullen y se renuevan, que se rebelan y fluyen. Las dejo reposar y cuando llega su momento salen despedidas como si un tapón de champán estallara contra el cielo nocturno y estrellado.

Porque hoy también hablaré de viajes. Serán de los llamados viajes iniciáticos. De los que dejan huella. Los interiores y los exteriores. Voy a alternar aquellos del séptimo arte que me impactaron y me trasladaron a otra dimensión con los míos personales e intransferibles. Ahora que hace poco se ha celebrado la semana de la mujer, recuerdo ese viaje de dos mujeres como aventura iniciática, dejando atrás parejas, trabajo y pasado: Thelma y Louise (1991) es más que un filme. Es toda una declaración de intenciones de dos generaciones insatisfechas, frustradas e inquietas, que en ese camino a lo largo de varios estados norteamericanos van lidiando con situaciones y personajes que las hacen crecer, estar más unidas y encontrarse a ellas mismas. Son coherentes con las decisiones tomadas anteriormente en un final sorprendente y demoledor. Sin volver a ser SPOILER MAN (supongo que todos vosotros la habéis visto ya), sólo diré que no pudo realizarse secuela alguna.

Aunque no fue el primer viaje que hacía, el que considero y tengo constancia de iniciación a lo iniciático fue a principios de los 80. En realidad esos viajes eran más bien veraneos. Mis padres alquilaban una casa en Grazalema, en plena época estival, durante tres semanas/un mes. Y mi mundo cambiaba por completo. Si ya era travieso e inquieto en la ciudad, en plena sierra gaditana me convertía en el pequeño salvaje. Desde el primer instante hice un grupo de amigos, una pandilla, tanto de nativos del pueblo como de otros seres (tal que yo) venidos de la city. Teníamos absoluta libertad, es cierto que los tiempos eran otros…Todo el santo día juntos, campando a nuestras anchas, inventándonos una aventura nueva a cada rato. Pequeñas excursiones a los siete Pinos, construcción de cabañas al pie de la carretera, paseos por el pueblo, recolección de almendras y otros frutos para nuestra despensa, partidos de fútbol, domesticación de gatos salvajes y asilvestrados, subidas montaña arriba por los montes cercanos…Todos los veranos coincidíamos allí, nunca nos encontramos en otros lugares o ambientes. Era el paraíso. Fueron unos años maravillosos. Largas iniciaciones a la vida. Un poco como el José Garcés de Valentina (1982).

Otro título que recuerdo como fundamental en esto de la iniciación es Hacia rutas salvajes (2007), dirigido por el actor y más que interesante director Sean Penn. De esas historias he visto unas cuantas, pero ésta es una de las que más me llegan. No es nada facilona ni sentimentaloide, es más, está llena de coherencia y sobriedad. Un chico recién graduado (y con éxito) en la universidad decide romper con todo lo que se espera de él y hace saltar las convenciones sociales, al embarcarse en un viaje huyendo de la civilización, harto de la hipocresía y el estilo de vida occidental.  Siguiendo las enseñanzas del poeta, filósofo y escritor Henry David Thoreau (naturalista, agrimensor y germen de lo que sería un siglo más tarde la defensa de los derechos civiles), tiene como objetivo llegar a Alaska. Imbuirse de lleno en lo salvaje y experimentar la libertad de no tener ataduras, de estar en total comunión con la naturaleza, de una manera sencilla y pura. Thoreau había hecho eso mismo a mediados del siglo XIX, construyéndose una casa en los bosques. Posteriormente describió sus impresiones en la obra Walden. Su espíritu está presente en toda la película, la cual está preñada de poesía, de lirismo y de dureza por las condiciones de vida. La interpretación de Emile Hirsch como protagonista resulta sorprendente por su frescura y autenticidad, al igual que las situaciones y personajes que va encontrándose en su andadura. Para todos los que amamos a la madre Tierra y estamos en ocasiones hartos de esta sociedad capitalista, injusta y trituradora de almas, el camino que emprende Christopher McCandless es una experiencia que quisiéramos llevar a cabo alguna vez, pero que de momento queda en la utopía. Siempre es bueno tener sueños, aunque éstos no se cumplan. Su proyecto ya es una auténtica gozada per se. Es como el viaje del que hablamos hoy, lo importante no es el fin sino el camino en sí mismo…

Córdoba, hermosa y mora. Verano de 1991. A través de Inturjoven y con el beneplácito de la Junta de Andalucía, tuve la suerte de participar en un curso de prácticas de Arqueología. Parábamos muchos chicos y chicas de edades cercanas en un albergue del mismo Inturjoven, situado en el corazón de la fresquita e intrincada Judería. El día a día era el siguiente: por las mañanas, tras el desayuno, nos llevaban en autobús a Medina Azahara (a las afueras de la capital), y allí estábamos hasta el mediodía. A pleno sol, con nuestros sombreros de paja y nuestros botijos de barro, nos encargábamos de la limpieza, estudio y conservación de atauriques de piedra (para los que no lo sepan, son adornos de formas geométricas, imitando motivos naturales como hojas o flores, e incluso animales, que aparecen en paredes, zócalos o techos de construcciones árabes en forma de paneles. Ellos no pueden representar al ser humano). Cantábamos, reíamos, disfrutábamos de un entorno precioso y singular. Luego volvíamos a comer y el resto del día era para nosotros. De vez en cuando hacíamos algún taller de dibujo, expresión corporal (me encantaba acariciar cuerpos femeninos y que me tocaran en aras del arte), pero en general había bastante libertad para disponer de nuestro tiempo. Dentro del gran grupo hice una pequeña panda, con dos amigas asturianas, dos hermanos de Zaragoza y una malagueña, y nos íbamos por Córdoba visitando de todo, pateando la ciudad y yendo de bares por las noches. Hay canciones que te recuerdan momentos. Ese verano del 91 bailé no sé si tropecientas veces Me sube la bilirrubina, de Juan Luis Guerra, entre copas de vino y luces de verbenas. Los fines de semana nos llevaban a visitar pueblos de la provincia como Zuheros, Cabra o Priego de Córdoba. Fue iniciático en el sentido de compartir vida y experiencias durante un mes con gentes de muchos lugares de España y parte del extranjero a las cuales no conocía. Me sirvió para darme cuenta de mi facilidad para la adaptación y sociabilidad que yo mismo me suponía. La despedida, una mañana temprano de mediados de agosto en la antigua estación de tren de Córdoba, fue casi de película. Cada uno a una hora diferente y en trenes que partían a lugares distantes. Lágrimas y abrazos. Besos y emociones desbordadas. Imborrable.

Ernesto Guevara de la Serna, pre Ché y cuasi licenciado en Medicina. Alberto Granado, bioquímico. Compadres. En Diarios de motocicleta (2004), el brasileiro Walter Salles hace un recorrido físico y emocional por el interior de esos dos jóvenes que a primeros de los 50 quemaron ruedas con una Norton 500, bautizada como La Ponderosa, a lo largo de todo el ancho de América del Sur. En principio era un viaje de placer y simple turismo. Pero poco a poco se fueron dando cuenta de la realidad de ese vasto continente lleno de contradicciones. Tan rico en humanidad, tan hermoso, tan plural, pero a la vez tan desorganizado, tan caótico, tan explotado por otros. Sobre todo tomó conciencia el propio Ernesto, que a partir de ese caminar da un giro total a su mentalidad. En cuanto regresa a casa se plantea una lucha personal a favor de una América fuerte y unida, orgullosa de su cultura y tradiciones, y que no se dejara pisar por intereses venidos de fuera. Es un viaje del exterior al interior del ser humano, del ser sensible, del ser comprometido. Una verdadera y humanista iniciación.

P.D. Si habéis leído esto, sois la resistencia que viaja por esos mundos…

 

Acerca del Autor

Pablo Solís del Junco
La Venganza de Alan Smithee junior

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