SO LONG, LEONARD

UN POETA PARA LA ETERNIDAD

leonard-cohenViernes 11 de noviembre, ocho y veintitrés de la mañana. Al levantarme y mientras me preparo el desayuno pongo la radio. Como siempre Radio3. El Colacao de repente se queda frío, la tostada se quema sin remisión y mi sonrisa se congela. La presentadora da la noticia: Leonard Cohen ha fallecido.

Estoy aquí como excepción que confirma la regla, como algo no querido y como respuesta a cosas que nunca desearía contar. Like a bird on a wire que compusiera el bueno de Leonardo hace ya bastantes lustros. Y es que este pequeño artículo no va a tratar sobre cine sino que simplemente desea homenajear a uno de los grandes genios de la música (y la poesía) que dio el siglo XX.

Desde lo más profundo de mi alma y mi pensamiento quiero darte las gracias, Leonard, por todo lo que has significado y  seguirás significando en mi vida. Desde que allá por mediados de los ochenta te escuché en la radio por vez primera quedándome alucinado con el programa entero que te dedicó el maestro Ángel Álvarez (tuve especial predilección por Hallelujah y So long, Marianne), hasta hace una semana, cuando pincharon Suzanne de nuevo y se me cayeron dos amargos lagrimones mientras la dulce mermelada hacía su efecto dentro de mi garganta.

En aquel momento caí en la cuenta de una cosa: me había emocionado en multitud de ocasiones con pérdidas de artistas de toda índole y condición, mas nunca me había puesto a llorar escuchando una canción de alguien que acababa de fallecer. Y entonces supe lo que ya intuía. Has resultado fundamental en mi vida, tanto en el plano emotivo como en el artístico, aunque a veces estuvieras de soslayo o escondido tras los visillos de mi subconsciente.

Recuerdo haberle regalado a mi madre un cumpleaños a principios de los noventa tu disco I’m your man (1988), con el cual resurgiste de tus cenizas cual Ave Fénix; no sé las veces que escuché en el tocadiscos esos maravillosos temas, desde el primero al último. Ese homenaje a Lorca que es Take this waltz o la maravilla que da título al álbum son ejemplos de tu inagotable genialidad.

A partir de ahí todo fue rodado. Empecé a interesarme de manera más consciente por tus canciones, por descubrir tu yo interior a través de tus letras. Con apenas veinte años me enseñaste a superar las pequeñas depres con Everybody knows, a sonreír cuando escuchaba Famous Blue Raincoat, a pensar que sería indestructible con First we take Manhattan o a imaginar cómo sería acariciar la piel de una mujer cuando a mis oídos llegaba Dance me to the end of love. Mi maltrecha economía hizo que pudiera comprarme algunos de tus álbumes, pero de tarde en tarde, piano piano que dicen los italianos.

Tu voz se iba volviendo grave con el transcurrir de las décadas, a la vez que tu compromiso con las debilidades y fortalezas del ser humano en todas sus vertientes; compromiso que ha acompañado tus letras, cargadas de profunda sensibilidad, sentido poético y grandes dosis de lirismo. Magnífica la música que te ha acompañado todos estos años, y que se ha convertido en popular a la vez que en envolvente y sugerente.

Otro recuerdo imborrable fue hace unos cuantos veranos. Elena, Cecilia y yo fuimos a Baelo Claudia a ver una representación en el teatro romano. Ya habíamos estado allí un par de años antes. La noche, el rumor del mar, el teatro clásico, teníamos una remembranza maravillosa. Pero esta vez fue diferente. A la media hora o así de comenzar, cuando el público “se partía el culo”, nos miramos, levantamos nuestros ídems del asiento y dijimos: ¡Ahí os quedáis con ese humor zafio y grosero!. En el coche puse el cd con tus temas, y mientras las sinuosas curvas y la noche nos envolvían camino de Chiclana, pudimos entrar los cuatro en una dimensión desconocida donde la poesía, la amistad y la magia hicieron acto de presencia.

 La única pena, no haber disfrutado de ti en un directo, no haber podido ver a ese hombre elegante, embutido en un traje oscuro y las más de las veces con un sombrero a juego, propio de un galán enjuto e interesante del más clásico film noir. Te echaremos de menos, Leonardo, un poeta metido a músico que nunca nunca dejaré de escuchar, y que siempre siempre llenará mi corazón de ganas de vivir.

De cine, solamente una pincelada. Estupendo documental sobre tu persona llamado Leonard Cohen: I´m your man (2005), de Lian Lunson. Tanto para seguidores acérrimos como para neófitos en la materia coheniana. Y también las diferentes canciones que Robert Altman escogió para ese western extraño que es Los vividores (1971).

P.D. Si habéis leído esto, sois la resistencia musical que baila un pequeño vals vienés…

 

Acerca del Autor

Pablo Solís del Junco
La Venganza de Alan Smithee junior

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