RELOJES ENTRE EL SILENCIO

A veces, como en esta madrugada, me siento en el salón en el mismo lugar donde solía sentarse ella y en el silencio de la noche oigo el sonido del péndulo del reloj de la entrada. Desde allí observo en este silencio casi absoluto las mismas cosas que supongo observaba ella. Las mismas, aunque poco a poco vayan cambiando en un continuo fluir. Fotografías de sus nietos. Los que conoció y los que la tendrán a ella como un referente en función de lo que nos oigan contar a nosotros, pero sólo como una figura un tanto etérea. Una biografía de Lola Flores sobre la mesa del teléfono con la agenda siempre a mano por si le apetecía hablar con algún familiar o amiga, cuadros llevados a su casa por nosotros…

Reloj

Puedo imaginarla viendo las noticias en medio de la noche, o dormida en su sofá, con la tele sonando de fondo y la luz suave de una lámpara en una pequeña mesa de este salón hoy tranquilo. Tranquilo como era su sueño en aquellas ocasiones. En sus últimos días prefería dormir en este entorno en vez de ir a la cama, donde eran ya cada vez más frecuentes los despertares un tanto bruscos en mitad de la noche. Quizás era el rechazo a lo que inevitablemente veía cada vez más cerca.

Imaginándola aquí, en este salón, vuelve como no, la imagen de su compañero en su deambular por esta vida, mi padre. Cierto que no siempre estuvieron juntos, pero no menos cierto es que en su recta final se acompañaron como en los mejores tiempos, a pesar de los achaques que poco a poco minaron la salud de ambos.

El pasado queda atrás, como el golpe de tic tac de los relojes en el yunque del silencio. Dicen que sólo existe el presente y el futuro. Me consta que estuvieron bien cuidados en su recta final. En gran parte gracias a personas venidas de otros países. Esas mismas personas a las que demasiadas veces llamamos “sin papeles” o más cruelmente, “ilegales”. El tiempo, marcado por esos relojes, pone las cosas en su lugar. Espero que también ponga en su sitio la labor de dichas personas. Se lo merecen. Ellos siempre estuvieron contentos en sus manos. Manos que modelaron entre otras cosas el ambiente en que vivieron sus últimos días. Una planta aquí, una fotografía mejor ubicada, una comida preparada con amor… Gracias.

Cuando me siento como esta madrugada en este salón, oigo el tic tac inacabable y miro estas cosas, sé que duerme tranquila, velada por vuestro buen hacer. El pasado quedó atrás. Ellos están serenos.

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José Manuel Lasanta Besada
José Manuel Lasanta Besada

Comentarios

  1. Por Fabiola

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  2. Por Marta

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