QUIEN TIENE UN AMIGO… ¿TIENE UN TESORO?

EL AMIGO AMERICANO

ICÓNICO¡Por fin! Quiero comenzar con una exclamación de alegría ya que he conseguido ver después de muchos años uno de mis filmes malditos. Seguro que todos tenéis varios, de esos que por FAS o por NEFAS no llegas a sufrir o disfrutar. Los persigues, los estás a punto de alcanzar, escuchas sus pasos, contemplas su sombra en la pared, pero no hay nada que hacer. Se te escapan como la arena de la playa entre los dedos. También los tengo yo, pero a éste en concreto le eché el lazo hace unos días. Una tranquila noche de sábado en casa, tirado en mi almodovariano sofá, con la lamparita roja de las grandes ocasiones y con mi gato Platón durmiendo sobre mí disfruté en su idioma original con subtítulos de una de las primeras obras del director alemán Wim Wenders (que renovó el acartonado y decaído cine alemán en los 60 y 70 junto a autores de la talla de Rainer Fassbinder, Werner Herzog o Volker Schlöndorff, en lo que se llamó el nuevo cine alemán, a la altura de la nouvelle vague francesa o el free cinema inglés). Se trata de la adaptación de una novela de la gran Patricia Highsmith, El juego de Ripley. La historia es curiosa. El de Dusseldorf (14 de agosto de 1945) había intentado llevar al cine otras novelas de la norteamericana como El grito de la lechuza El temblor de la falsificación, pero siempre se encontraba con que los derechos de los libros ya estaban vendidos. La escritora se enteró de que un pesado quería adaptar algo suyo y lo citó en una reunión en París, ofreciéndole el manuscrito de lo único que no había publicado aún, la tercera entrega de la saga de Tom Ripley, que se convertiría poco después en El amigo americano (1977). Así empezó todo.

Y SU GATO II

Estoy alunizando en colores y alucinando con mi nave sideral sin necesidad de pastillitas de esas psicotrópicas. Me ha parecido la mejor de todas las pelis sobre el extraño y atrayente personaje de Ripley. Que yo sepa hay cinco: A pleno sol (1960) y El talento de Mr. Ripley (1999), basadas en la primera y homónima de la saga, Mr Ripley, el regreso (2005) basada en la segunda llamada La máscara de Ripley y esta de la que hablamos junto con El juego de Ripley (2002), correspondientes a la tercera parte. No sé, este amigo yanqui desprende algo especial, a mí es que la emulsión de un film de los 70 es que me pone cantidad… No es sólo eso, es broma. Resulta un trabajo como muy artesanal, de bajo presupuesto, rodado en apenas seis semanas en Hamburgo, París, Munich y Nueva York; aunque sabes en qué lugar se halla la trama en cada momento es como si fuera un todo muy grande, no sé cómo explicarlo… Especialmente tienen mucho encanto los escenarios hoy casi desaparecidos del puerto de Hamburgo, con esas pintadas de la Baader-Meinhoff, con esos subterráneos y ascensores tanto para personas como para vehículos que sirven para pasar por debajo del río Elba, así como la zona de París con la calle y el metro elevado sobre ella, un pequeño homenaje a la minusvalorada y olvidada (compartimos la misma idea Wim y un servidor) El último tango en París (1973); creo que se vislumbra también la casa de los amantes sin nombre. A pesar de ser muy diferentes en la temática, tienen un lazo que las une, no sé…

NUEVO CINE ALEMÁN

En general es todo muy Hopper (bromas aparte con uno de los protas): los edificios exentos y con alma propia, los aeropuertos, las estaciones de metro, y sobre todo la soledad del ser humano aún estando acompañado; la huida hacia delante de algo que te supera pero a lo que tienes que hacer frente. Es como si no pudieras escapar de una situación que no buscabas; eso nos ocurre a todos en la vida real antes o después, sin comerlo ni beberlo. Te vas involucrando y has de seguir adelante, como los tiburones, y lo dice alguien que está pasando en la actualidad por un bache emocional del que me está resultando difícil salir. Se hace duro el camino. Pero pasará (entre otras cosas gracias a esta terapia de ver películas y escribir sobre ellas) y como dice el dicho mañana volverán a cantar los pájaros.

La fotografía del también germano Robby Müller, con colores verde fosforescentes y amarillentos, le dan un ambiente inquietante y desasosegante a los escenarios, como muy fríos e impersonales. Sin embargo, lo que le ocurre internamente al personaje de Jonathan Zimmemann es que está a punto de explotar a cada paso que da, es una mina humana con dos patas sometida a una gran presión. Resulta un contraste curioso. La música de Jürgen Knieper sugiere ambientes opresivos y cargados. Pero todo a la luz del día en muchos momentos, como los buenos thrillers que quieren dar una vuelta de tuerca al género.

DENNIS HOPPER

Centrémonos en los personajes. De Ripley se ha hablado tanto… solamente diré que es alguien amoral, retorcido pero muy sutil y elegante, brutal en ocasiones, inclasificable e inaccesible, coherente pero insustituible como personaje. La piedra angular es la extraña relación con un ser humano, Jonathan Zimmermann, con el cual nos podemos sentir identificados, a pesar de que se encuentre en una situación límite que es la que desencadena la trama. Ese planteamiento es muy típico en Highsmith, ya hacía lo mismo en Extraños en un tren, llevada al cine por Alfred Hitchcock en 1951. Y en toda la saga de Ripley nos plantea preguntas, nos hace hurgar dentro de nosotros mismos, rebuscar en nuestras oscuridades y miserias, en nuestras debilidades y soledades. Dennis Hopper resulta extraordinario como Tom Ripley, con su rostro maquiavélico y su falsa pose de pasividad. Tira la piedra y esconde la mano el muy bribón. Y Bruno Ganz fue en ese momento un gran descubrimiento para el cine; ya era un mito en el mundo teatral alemán, y dio un paso más. Sin ser muy prolífico en todos estos años transcurridos ha demostrado grandeza. De esos actores que con menos dicen más. Austeridad. Pero transmite de manera bárbara, la cámara le adora. La química entre ellos es evidente. Y un personaje muy interesante y extrañamente misterioso es el que realiza Nicholas Ray. Fue introducido en el guión sin estar en el libro. En realidad aparecía en otra novela anterior de Ripley. Es el pintor Derwatt, creído muerto, que falsifica sus propios cuadros, un verdadero negocio para un marchante de arte como Tom. Ese conejo del sombrero que saca el mago Wenders no es más que una excusa para homenajear a sus dos directores favoritos: Nicholas Ray y Samuel Fuller, que también sale en un pequeño papel. Con Ray haría justo después un hermoso, poético y muy duro retrato de los últimos días de vida del director de Rebelde sin causa. Recomendable a tope esa crónica de una muerte en directo llamada Relámpago sobre el agua (1980).

PATRICIA HIGHSMITH

Hablando de directores, varios de ellos salen como actores, todos amigos de Wim: los ya citados Fuller, Ray y Hopper junto con Jean Eustache, Gerard Blain, Daniel Schmid y Peter Lilienthal. Curiosa y sarcásticamente los coloca a todos como los malos del filme. Un director es capaz de hacer cualquier cosa por una película y por eso los pone en esa tesitura. El reverso tenebroso de los 7 enanitos. Todo bastante retorcido.

Quería finalizar con dos paralelismos que me han asaltado el coco. El  primero: después de la magistralmente rodada y montada larga secuencia del viaje en ferrocarril (se rodó tanto en estudio como en un tren), las escenas posteriores de los asesinatos muestran lo duro que ha sido tanto para Zimmermann como para Ripley. Mientras el primero quema pruebas y se atormenta, el segundo se empieza a hacer compulsivamente selfies con una Polaroid, pero no con placer, sino con dolor. Así es como lo saca fuera. Me ha venido a la cabeza la escena de sexo de Monster´s ball (2001) entre Halle Berry y Billy Bob Thornton. Ahí no se disfruta, no resulta para nada erótica. Es algo así como una liberación del dolor para ambos. Lo mismo les pasa a los dos hombres de esta historia de la que hablo. El otro paralelismo que se me cruza es el instante en que se conocen los dos personajes protagónicos; resulta muy desagradable. Zimmermann lo es con Ripley y a partir de ahí todo fluye. Pienso en Match point (2005) de Woody Allen, cuando el profesor de tenis le gana con un bolazo la partida de ping-pong al de Scarlett Johansson, a la cual acaba de conocer. Desde ese instante la tiene en sus redes, ha comenzado el drama. Ahí comienza todo, de un nimio detalle.

ESCENA FILM

P.D. Si habéis leído esto, sois la resistencia…              

Acerca del Autor

Pablo Solís del Junco
La Venganza de Alan Smithee junior

Comentarios

  1. Por Mer

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