PILAR MIRÓ QUE ESTÁS EN LOS CIELOS

CRÓNICA DE UN TALENTO

Te lo debía hace tiempo, Pilar. A ti sobre todas las mujeres cineastas. Casi al inicio de esta andadura escribí un artículo sobre dos mujeres pioneras del mundo del cine. En él decía que de vez en cuando abordaría el buen quehacer de directoras españolas. Hasta ahora. Siempre tenemos asuntos pendientes pero lo bueno es que los retomemos y hagamos realidades palpables. Y aquí me encuentro para cumplir lo prometido.

Desde que te vi en televisión la primera vez, me pareciste un ejemplo a seguir. Luchadora, atrevida, sin cortarte un pelo y con un enorme talento para dar lo mejor de ti misma. Empecé a descubrirte como cineasta bastante tarde en tu vida y bastante pronto en la mía. He de decir que nunca encontré motivos para darte de lado, todo lo contrario. Cada paso que daba para conocerte mejor no sólo reafirmaba el suelo donde pisaba, sino que me insuflaba ánimos para querer saber más y más. Eras todo un universo para mi joven alma de cinéfilo que quería ser coherente conmigo mismo. Y tú eras ejemplo de esa coherencia.

Empezaré diciendo que fui descubriéndote a retazos. Nada de un orden establecido y esas pamplinas. A puerta gayola y sin trapo rojo al que recurrir. Pero con dos ojos y un corazón grandes y ávidos de aprendizaje. La primera sesión del diván Miró fue nada menos que El crimen de Cuenca (1980), que causó una tremenda polvareda en nuestro país, hasta el punto de que fue censurada y retirada de la circulación hasta bastante después. Ponías el dedo en la llaga acerca de un suceso ocurrido en la España profunda de 1910, donde una injusticia caía sobre los hombros de dos infelices que fueron primero acusados y luego torturados por un crimen que luego se demostró no habían cometido. Me dejaste de piedra por tu valentía al enfrentarte a tan escabroso tema, y sobre todo por salir del paso con nota.

Me parece que la segunda obra tuya que visioné fue tu ópera prima, La petición (1976). Basada en una obra corta del francés Émile Zola, habla de una mujer insatisfecha dentro de un entorno social que no le es proclive a sus intereses. Ya se veía la enorme capacidad de síntesis y sobriedad que caracterizarían toda tu posterior obra. Fue casi lo primero que vi de Ana Belén y Emilio Gutiérrez Caba como protagonistas. Cautivome tu mirada y tu posicionamiento sobre temas complejos, siempre a la vanguardia, siempre a la contra.

Por edad y por las pocas opciones en esta ciudad de provincias en la que respiro, tu cine lo he contemplado en la mayoría de ocasiones a través de la pequeña pantalla, mas siempre habrá alguna oportunidad de recuperarte en toda tu magnitud. El tiempo lo dirá. Hablando de la caja tonta que entontece a quien se deja entontecer, fuiste Directora General de RTVE a partir de 1986. Antes, con la victoria socialista en el 82, te convertiste en Directora General de Cinematografía.

En ambos cargos quisiste cambiar estructuras y formas. En parte lo lograste, buscando la calidad antes que la cantidad. Fuiste muy criticada al tomar decisiones poco populares, y al final eso te pasó factura. Pero como tenías todo muy clarito y no tenías pelos en la lengua, seguiste adelante con tu coherencia y tu carisma. Se notaba enormemente que venías de familia de militares por la tremenda sobriedad y granítica personalidad de toda tu obra. Mamaste la profesión desde abajo, siendo ayudante de redacción,  realizadora, guionista, directora de cine, de teatro e incluso de radio y ópera.

El pájaro de la felicidad (1993) y Beltenebros (1991) son dos ejemplos de como supiste llevarte a tu terreno historias que no tenían nada que ver pero que se impregnaron con tu impronta. Te acusaron muchas veces de ser fría y tomar cierta distancia en tus realizaciones, pero nada más lejos de la realidad. Detrás de esa cara aparentemente hierática se escondía una mujer de carácter, fiel a sus principios, a sus amigos y capaz de todo. Tu obra está preñada de personajes llenos de pasión, insatisfacción y ganas de comerse el mundo, auténticos alter egos tuyos. Un ejemplo es Mercedes Sampietro, que era una prolongación de tu persona en la pantalla.

Dos obras tuyas me llegan verdaderamente al corazón, las entrañas y el alma. Hablando de la Sampietro, la primera es Gary Cooper que estás en los cielos (1980);  toda ella eres tú plasmada en celuloide. Representa un acto de amor a la profesión, a la dificultad de la creación artística, al compañerismo, a las dudas continuas que asaltan la vida de todo mortal, al enfrentarse con una realidad dura en ocasiones. Todo eso es Gary Cooper…, y todo eso eres tú. Es una grandísima película que debería ponerse más en televisión, que está bastante olvidada y que aunque la he podido ver sólo un par de veces me sigue emocionado una barbaridad.

La segunda es, por supuesto, El perro del hortelano (1996). No tiene nada que ver con la anteriormente citada, pero resulta deliciosa. Basada en una obra de teatro homónima del gran Lope de Vega, es una comedia de enredos amorosos y romances en torno a una duquesa y toda su corte durante el siglo de oro español, el XVII. En una hermosísima puesta en escena con lugares de ensueño, jardines en flor y azulejos portugueses, eres capaz de amenizarnos cualquier tarde gris de invierno (con un simple Dvd y una buena tele de plasma) con los requiebros sentimentales de nobles y plebeyos que recitan en verso toda la obra, siguiendo al pie de la letra la original. Es mordaz, pícara, divertida y un poquito naïf, la guinda del pastel. Emma Suárez, Carmelo Gómez, Ana Duato y Fernando Conde son los protagonistas de un filme coral donde todos están sobresalientes.

La última que hiciste, Tu nombre envenena mis sueños (1996), fue el mismo año de El perro… mas para mí no hay color. No tengo buen recuerdo de ella a pesar de tener mismos protagonistas y misma autoría. La verdad es que la he aparcado en un rincón de mi cerebro. Tendría que darle una oportunidad, nunca se sabe. Y de la primera época tuya poco he podido ver. Algún que otro episodio de las numerosas series que realizaste. Me falta alguna película a la que por el momento me es imposible acceder y los Estudios 1, esos sí que me apetecen mucho.

Una tarde de otoño de 1997, apenas tres días después de cumplir yo veinticinco años, me enteré de tu fallecimiento. De eso va a hacer ahora cuatro lustros. Como pasa el tiempo, mi madre. Hagan cuentas y verán que este que escribe es más viejo de lo que le gustaría. Me dejaste huérfano y sin un pedacito de pastel de manzana donde volcabas toda tu energía y tu sabiduría acerca de la vida y el cine, el cine y la vida. Demasiado pronto te fuiste a acompañar a tu querido Gary Cooper, bribona…

P.D. Si habéis leído esto, sois la resistencia que se enfrenta a pecho descubierto a unos intereses en pos de la cordura y el saber estar…

 

 

 

Acerca del Autor

Pablo Solís del Junco
La Venganza de Alan Smithee junior

Comentarios

  1. Por Nuria García Santos

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