PESADILLA AL BORDE DEL MAR

Dejé de ser playero desde que mi madre me contó que siendo muy niño, se hartó de reir conmigo porque tenía un pequeño cubo de plástico, que me empeñaba en cargar en la orilla y acarrear hasta la sombrilla, lugar al que llegaba vacío. El maldito cubo por lo visto, tenía una grieta. Y mi santísima madre, jiji-jaja a costa mía.

Después fuí marítimo, que no playero. Incluso marino fuí, allá por el 1993. Buenos ratos…

Pero lo de ayer fue un poco el colmo del vaso -o del cubo- que remató mi paciencia. Fui a la playa como chófer, que quede claro. Para más inri a una de estas playas que están bastante explotadas comercialmente. Lo hice resignado ante la insistencia de mi pareja, mi tía y alguna pitufina. El pitufo de momento no se pronuncia aunque según me contaron las intrépidas bañistas se lo pasó en grande. Me atrincheré en un bar tras una buena maceta de cerveza a la que siguieron otras y tras las páginas de Reverte que ponía cerco a la vecina Cádiz bombazo va bombazo viene.

En esas estaba cuando… ¡el del organillo! Sí. El del organillo.

Organillo

Más tarde la del “Ejército de salvación de los menesterosos de…”

Después otro vendiendo sus propios discos, que mi tía compró ilusionada y que aforunadamente no tuve que oir en el viaje de vuelta ya que me dediqué a olvidar los malos ratos oyendo a mis admirados Coldplay. (Que por cierto, fueron criticados por la señora del disco, a quien quiero muchísimo, todo sea dicho).

Para colmo, el revuelto de gambas me supo a regueldo de las susodichas. ¡Qué espanto! (Tampoco a mi tía le satisfizo el salmorejo calentito).

Total, ¿han visto ya ustedes el estreno de este verano? ¿Pesadilla al borde del mar?

Tengo que confesar, aunque mi pareja me retire la palabra, que todo esto fue un poco salvado por los habituales cuerpos esculturales de alguna que otra playera. Eso sí.

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José Manuel Lasanta Besada
José Manuel Lasanta Besada

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