ODA A BILLY EL NIÑO

RAMÓN J. SENDER

            Retomando el artículo anterior, quisiera completarlo con mi pequeño tributo a Ramón José Sender Garcés, el escritor español del que hablábamos a raíz de su novela El bandido adolescente. Desde que la leí me enamoré totalmente de ella. Es verdaderamente hermosa y desprende algo especial. Casi al final Sender hace su particular homenaje en forma de oda al ya asesinado William Bonney (Billy el niño). Me pareció tan emocionante que no tuve más remedio que grabarla con mi propia voz en el móvil. No me pude resistir. Desde aquel día me sirve de despertador cada vez que salgo de viaje. Una frikada más en mi vida no se nota nada, ¿verdad? Que lo disfrutéis.

Guillermo Bonney el mentado

por los chicos y los grandes,

que en sus años infantiles

supo vengar a su madre.

Guillermo Bonney nacido

en la lejana ciudad,

que vino a este territorio

como otros hombres cabales,

y ahora duerme en su cama

el sueño de los mortales.

Mira como tus amigos

venimos aquí a cantarte,

con el llanto de los ojos

y el corazón de los cuates,

que también nosotros somos

mexicanos naturales.

Sin miedo de ningún gringo,

ni sheriffes ni marshalles.

Sin miedo de las pistolas

y los rifles federales.

Sin miedo de las habladas,

aunque sean judiciales.

Aquí meros mexicanos,

con nuestra materna sangre,

aquí puestos por castigo

de alcahuetes y cobardes.

Nosotros los que cargamos

hierro al cinto y cordobanes,

y en el alforjín tenemos

tacos de chile y tamales.

Nosotros aquí venimos

antes de los funerales,

llorosos y arrepentidos

por haber llegado tarde,

que de saberlo estaría

vivo su merced en la calle.

En todo caso aquí estamos

los mexicanos cabales.

El corazón en la mano

y dispuestos a alabarte.

Cantadores somos todos

de guitarra y de guarache,

teniendo bien aprendido

tu valor y tu coraje.

BIILY THE KID

Lo mismo muerto que vivo,

en el monte o en el valle,

que nunca en malas peleas

te vieron chicos ni grandes.

Paloma de mexicanos

y tigre de los apaches,

sin pedir nunca cuartel,

ni al enemigo entregarte,

epidemia de los gringos

y merma de sus caudales.

Hermano de los humildes,

que no hacemos mal a nadie,

sino es cuando nos provocan

en el monte o en el valle.

Nosotros aquí venimos

con la congoja en la sangre

porque nuestros corazones

están llorando a raudales.

¡Ay, Billy the kid el noble!,

el galán de los galanes,

el que también defendiera

a McSween y a los Tunstalles,

contra los que la justicia,

que cobran lo que no valen,

y si ellos vienen del norte

en caballos alazanes,

del sur venimos nosotros

y somos charros cabales,

que venimos desde Texas

jineteando por los valles,

con una faca en el cinto

y plomo en los costillares.

Así lo dijo Llomero,

Sebastián de los corrales:

aquí he llegado el primero,

con los dedos en los trastes

de la guitarra y el pecho

para venir a cantarte.

Que te reciban sin falta

en los cielos de Dios padre,

por buen jinete ranchero

y por lo mucho que vales.

Salgan los santos del cielo,

salgan cantando la Salve,

y con ramos de palmera

vayan todos a esperarte

a la orilla de la gloria

que con valor te ganaste.

Que los parientes te lleven

al cementerio a enterrarte,

que las hembras no se olviden

de tu mamá a quien vengaste.

Que las mujeres sin cuento

recen al caer la tarde

cuatrocientos padrenuestros

después de los funerales.

Que cada cual te pregone

diciendo puras verdades

y bendigan tus amores

al lujo de los altares.

RAMÓN J. SENDER(2)

Que nadie se olvide nunca

del “kid” valiente y que guarde

cada cual en su recuerdo

tu memoria venerable.

Así el día de difuntos

iremos a la ciudade

a llevar flores al lado

de tu cruz y tus rosales.

Y así la tumba de mármol

tenga tu nombre natale.

Billy the kid el mentado,

aquí vinimos en balde,

y que al saber la desgracia

reunieron sus caudales

para comprar la corona

de claveles naturales.

Que Dios y la santa Virgen

de Guadalupe te paguen

los muchos bienes que hiciste

a las gentes que lo valen.

Y te olviden, si es el caso,

los pecados veniales

que sin querer cometiste

en tu vida perdurable.

Amén.

P.D. Si habéis leído esto, sois la resistencia…

 

 

Acerca del Autor

Pablo Solís del Junco
La Venganza de Alan Smithee junior

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