NOSTALGIA

Por un cálido, mágico, pero breve momento, pensé que oía el sonido de las campanas allí abajo, en el valle. Trajo a mí uno a uno todos tus recuerdos. Pude sentirte en algún lugar en el aire que rodeaba la soledad del camino.

campanas

Entonces lo vi otra vez. ¿Sabes…? Está envejecido. He bajado al valle una vez más. Apenas he podido encontrar el viejo sendero que tantas mañanas de tantas primaveras juntos recorrimos.

El viejo puente de madera parece haber reconocido mis pasos y con lánguidos quejidos me ha preguntado otra vez por ti. El arroyo parece cansado. Las piedras no luchan ya por las caricias de sus frescas aguas. Casi a regañadientes derrama su pequeño caudal, empapando a duras penas un lecho que hoy sólo es el refugio de algunas ranas y el lugar donde alguna clase de pájaro acude para buscar pequeños gusanos.

Como en el pasado, el viento ha querido jugar con tu pelo. Ingenuo. Ha silbado tu nombre en las ramas de los chopos. Al no oír tu risa ha pasado a mi lado. Desconcertado, llamándote, se ha marchado a lomos del caballo.

Todos ellos han notado tu ausencia. Te echan de menos. Tal vez era eso lo que gritaban las campanas esta mañana, incluso aunque fuese sólo en mi imaginación.

No, el tiempo no ha pasado en vano para el valle, Aunque, tampoco yo soy aquel joven que bajó a él contigo tantas veces.

Me encuentro cansado. Tengo el presentimiento de que me reuniré contigo este otoño.

Volveremos a cruzar el viejo puente a lomos del viento… la próxima primavera.

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José Manuel Lasanta Besada
José Manuel Lasanta Besada

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