LAS TRES EDADES DEL HOMBRE

UN MONSTRUITO DE TRES CABEZAS

MARX BROTHERSCada cierto tiempo (creo que de periodicidad anual/bianual) se celebra en diferentes lugares del estado español. Ciudades como Valladolid, Burgos, Zamora, Ávila o Astorga la han acogido antes o después. Se trata de la fundación religiosa Las edades del hombre, cuyo objetivo es la promoción y difusión del arte sacro de la comunidad autónoma de Castilla y León, a través de exposiciones temporales. Siempre me ha interesado contemplar alguna de ellas, pero por diferentes circunstancias no me ha sido aún posible. Alguna vez me tocará, digo yo… mis padres sí han ido a más de una y siempre me han hablado maravillas. Aparte de que por esos lares se come como Dios, valga el chiste fácil. Una excusa más, un restaurante menos que visitar.

Hay un famoso acertijo que dice: ¿cuál es el animal que de cría anda sobre cuatro patas, cuando es adulto sólo se sostiene con dos y al llegar a la vejez lo hace con tres? ¿Lo saben, no? Es sumamente fácil.

Pues juguemos entonces. Uniendo estos dos primeros párrafos no llegarán a ninguna conclusión. Es de lo que se trataba. De confundirlos. Es todo F de fake, de fraude. Un sueño divertido y caótico a la vez, que, eso sí, tiene mucho que ver con los personajes de los que quiero hablar hoy. Nada más y nada menos que de los hermanos Marx. Esa familia que toda su vida se dedicó al artisteo. Tenían origen europeo, concretamente alemán. Estos cinco hermanos nacieron durante los tres últimos lustros del siglo XIX. Aunque no lo parezca, el mayor era Chico, seguido de Harpo, luego venía  Groucho y finalmente Gummo y Zeppo; evidentemente esos eran nombres artísticos, nombres cuyos orígenes están perdidos en el principio de los tiempos, y están llenos de versiones contradictorias de los propios interesados. Sería larga y tediosa la tarea de desentrañar la madeja, la dejaremos para otro día. Lo cierto es que los tres primeros fueron los que han pasado a la historia: Groucho, Chico y Harpo.

Pero vayamos al origen. Sus padres, sus tíos y abuelos…toda la familia actuaba en espectáculos de vodevil, en teatros de más o menos porte a lo largo de toda Norteamérica y desde finales del XIX. Los por entonces cinco hermanos participaron posteriormente de forma activa. Poco a poco fueron creando sus propios caracteres, puliendo los detalles y enriqueciéndolos al cabo de los años, hasta que de tanto pelar las capas se quedaron sin cebolla pero con los grandiosos personajes que los darían a conocer al gran público.

Tras largo tiempo antes, durante y después de la Gran Guerra, los por entonces cuatro hermanos triunfan en Broadway durante la década de los 20 con tres comedias musicales, ya sin la participación de Gummo. I´ll say she is (1924-25), Los cuatro cocos (1925-26) y El conflicto de los Marx (1928-29) fueron un bombazo directo al corazón de un país receptivo a todo tipo de movimientos artísticos, aunque no deje de ser una cultura llena de contradicciones. Como todas, supongo. Al César lo que es del César.

A partir de ahí ya estaban montados en la moto del éxito. Todo fue sobre ruedas. La aparición del cine sonoro al final de esa década fue la guinda del pastel, el trampolín que necesitaban. Sin las talking movies no hubiera sido posible. La Paramount Pictures estuvo lista y rauda, contratándolos de inmediato. Comenzaron sobre seguro, llevando al cine Los cuatro cocos (1929) y El conflicto de los Marx (1930), que tantas veces habían representado en teatros. Poco después vinieron dos películas geniales que son desconocidas por el gran público, Pistoleros de agua dulce (1931) y Plumas de caballo (1932). Las recomiendo con fervor peliculero ya que tienen algunos de los gags más geniales e inolvidables. Con Leo McCarey llegaría uno de sus hitos, Sopa de ganso (1933), y ese mundo imaginario y surreal que era Freedonia. Fue la última colaboración con la Paramount, pasando a ser fichados por la Metro-Goldwyn-Mayer. Productora que inauguraron con Una noche en la ópera (1935). Un día en las carreras (1937) o Una tarde en el circo (1939) también se recuerdan, pero poco a poco su humor iba dejando paso a otras generaciones. Ya sabemos que Hollywood es una máquina de crear y destruir mitos, para luego volver a mitificarlos. También los espectadores cambiaron sus inquietudes.

Los detalles. Hay que fijarse siempre en los detalles. Por ejemplo el bigote de Groucho, pintado con betún. O Zeppo, que desapareció de los filmes en cuanto la Metro hizo acto de presencia; la verdad sea dicha, con gran acierto, ya que habitualmente hacía de galán enamorado de señorita melindrosa, pizpireta y medio lela, resultando de lo más cursi sus historias de amor. ¡Sayonara, au revoir, addio, bye bye, adiós! Un detalle más, el verdadero cuarto hermano Marx fue, desde tiempo inmemorial allá por los musicales de Broadway, la incomparable Margaret Dumont, que interpretaba a viudas adineradas proclives al mecenazgo en las artes, y que se veía seducida y acosada por el incansable Groucho en sus innumerables personajes. Era la perfecta réplica para él. Otro detalle que se me ocurre eran los números musicales que se intercalaban descaradamente entre la trama, para regocijo de los tres ínclitos. Una excusa para el lucimiento de Harpo al arpa y Chico al piano, verdaderos virtuosos, porque aunque Groucho tocaba la guitarra nunca lo hizo frente a la pantalla. Eran secuencias intensas, llenas de pasión por la música, donde se veía cuánto se divertían.

Pero centrémonos en el porqué del título de este artículo. En sus películas los tres son hombres, están “tiesos” como la mojama y tienen tres principales objetivos: el dinero, las mujeres y el pasárselo de miedo, cosa esta última que desde su punto de vista resulta mucho más fácil de lograr controlando las dos primeras premisas. Lo que ocurre es que los tres son como líneas que convergen y divergen de manera caótica y sin sentido aparente, aunque al final de manera milagrosa (y digamos que con bastantes licencias cinematográficas) logran lo que se proponen. Veo que forman un todo, como la Santísima Trinidad. Son uno y trino. Que son un solo hombre a lo largo de diferentes etapas de su vida. Cada uno de ellos interioriza su rol, lo asume y busca los objetivos de diferente manera:

GROUCHO Caradura con enorme encanto y personalidad que se gana los favores de todo hijo de vecino (especialmente mujeres con pasta e ingenuas enamoradas de la adulación) a partir de un pico de oro lleno de ironía, picardía y dobles sentidos, además de unas formas que aunque parezcan extravagantes suelen ser efectivas. Sería el hombre viejete, de vuelta de todo, que no cuida las formas, una especie de viejo verde pero lleno de charming(1). No tiene principios establecidos. Recuerden la famosa frase: tengo unos principios muy claros, pero si no le gustan tengo otros nuevos.

CHICO Digamos que exteriormente parece el más normal y cabal de los tres, pero es tan pícaro como sus congéneres. De orígenes y maneras italianizadas e italianizantes, suele llevarse el ascua a su sardina a partir de la lógica mezclada con lo pesadito que es. Por desgaste. Palabrería y pequeños timos, sería el maduro de mediana edad que por supuesto va detrás de las mujeres pero con maneras más corteses.

HARPO Es el ser infantil que todos llevamos dentro, el que sigue los instintos primarios sin importarle las consecuencias, ya que no tiene formada su moral, ética y razón, que es lo que nos pierde en ocasiones. Pienso que tendríamos que seguir nuestros impulsos más de una vez. Persigue literalmente a las mujeres, de forma salvaje e irracional (culo veo, culo quiero); al ser mudo expresa todo con gestos histriónicos, y le gusta el juego por el juego. Tiene reacciones que te dejan perplejo al tiempo que te partes de risa, ya que son cosas que uno no hace pero muchas veces es lo que te pediría el cuerpo, la verdad. De los tres es mi favorito. Yo quiero ser Harpo cuando sea mayor.

Como último apunte decir que los Marx eran muy amigos del irrepetible Salvador Dalí, especialmente Harpo. Coincidieron mucho en fiestas y otras actividades, e incluso hubo un proyecto para trabajar juntos que iba por buen camino, pero como tantos otros no llegó a buen puerto. Una pena, me hubiera encantado verlo, hubiera sido demoledor y lleno de genialidad.

¡Más madera, traed más madera!

P.D. Si habéis leído esto, sois la resistencia…

(1) Palabra inglesa que viene a determinar alguien o algo con encanto

 

Acerca del Autor

Pablo Solís del Junco
La Venganza de Alan Smithee junior

Comentarios

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