FRI(KINO)POLIS OF MY HEART (II)

UNA DECLARACIÓN DE AMOR

La parte contratante de la segunda parte debe ser igual a la parte contratante de la segunda parte. Aquí estoy de nuevo.

ENTRADA

La calle Doña Blanca era lugar de visita obligada por mis amigos (J.J, Ángel Antonio, Rodrigo y Paco) y yo mismo allá por los felices 80 cuando la sesión vespertina finalizaba. Al fondo La Ibense Bornay. Verano de horchatas y helados e inviernos de chocolate con churros mientras la tarde agonizaba y comentábamos lo visionado. No he sido yo persona de comer en el cinematógrafo, no me gusta, lo de las palomitas me da hasta “dentera”. Pero en un Alcances de Cádiz no tuve más remedio que “tragarme” mis argumentos. Mis tíos Juan y Maruja me acogieron para quedarme esa noche a dormir en su casa, dejándome la llave para entrar esa madrugá. Iba con la ilusión de ver Novecento (1976) en pantalla grande; me preparé un bocata de jamón, un poco de queso y media tableta de chocolate con un botellín de agua y me fui para los Multicines Palillero. Allí en doble sesión (de 21.00 a 23.30 y de 00.00 a 02.30 de la mañana) y con más miedo que vergüenza por incumplir normas que nunca entenderé (yo dejaría meter comida en las salas, sin pasarse, nada de cocidos maragatos), cené en silencio y en total nocturnidad y alevosía mientras disfrutaba con ese fresco italiano ambientado en torno a 1900 y dirigido por el gran cineasta Bernardo Bertolucci. Aún recuerdo la euforia de la vuelta hasta plaza Asdrúbal de madrugada. Últimamente, desde que hace pocos años trabajo en Círculo de Lectores, no tengo más remedio que irme al cine justo después de currar, a la sesión de las diez o diez y pico, bien los jueves o bien los viernes, con mi amigo Antonio aka Ángel Antonio (remitirse a las horchatas y chocolates) o solo, que es un placer que hay que saber degustar. Parece que me ponen la película a mí y que les chasqueo los dedos cual productor de los años 30 para la proyección privada previa al estreno. Perdón, me desvío. Así que a veces me preparo un sándwich de queso con salmón, o de pepinillos con mantequilla, algo dulce y otro botellín de agua (no bebo en horas de servicio). Cosas que no hagan ruido y no desprendan aromas de deseo. Pero dejemos de hablar de comida que me entra hambre y es muy mala hora.

ESCENA 5

Otra cosa que me encanta es visitar festivales. Eso de ir a otra ciudad, alojarte en un hotel o en casa de amig@s (esto último es más recomendable tanto económica como sentimentalmente), ponerme en la cola de la taquilla correspondiente y soñar con lo que vas a ver es maravilloso; no he visitado muchos pero quiero seguir creciendo en ese sentido. Multitud de vivencias en Sevilla, Arcos y su decadente teatro con cortos, Úbeda/Córdoba y su festival de música de cine (¡vaya espectáculo de conciertos de los que he disfrutado!), Huesca, Cádiz… Tengo especial recuerdo de dos de ellos:


-el primero, de la citada Huesca, que a través de la necesaria, única y variada Radio3, conseguí todo un regalazo de su programa El séptimo vicio, tras ganar un concurso nacional radiofónico de preguntas. La verdad es que tuve suerte, para todo hay que tener fortuna. Estuve un fin de semana completo con todos los gastos pagados invitado al Festival de cortometrajes de Huesca; desde el primer momento me enamoré de una ciudad (de provincias) que no conocía. De su arquitectura y de sus gentes, de su historia y de sus dulces (se me hace la boca agua pensando en la trenza de Almudévar y en el pastel ruso, cuya idiosincrasia no me pudo explicar mejor un camarero nativo). Me hizo gracia el intercambio sorprendente de caldos de Jerez y de Huesca que hicimos el festival y yo. Ellos me regalaron una botella de tinto Somontano, y yo les llevé un pack de tres botellas de Fino, Manzanilla y Oloroso. Como los antiguos trueques.

FOTOGRAMAS JAZZ

el segundo, Berlín. He estado en dos ocasiones, siempre en febrero, siempre con mucho y lógico frío, mas siento que me he creado un vínculo emocional con esa ciudad que no sé de dónde sale y tampoco sé explicar. Me gusta mucho el ambiente, la relación que hay entre los diferentes grupos étnicos y culturales, la nieve que cae mientras caminas por Unter den Linden camino de la Puerta de Brandemburgo, el barrio turco, la isla de los museos, ese Krumme lanke helado y el paseo alrededor entre los árboles esperando encontrar en un recodo a Antonio Gasset Dubois, los graffitis, los edificios de la RDA, la historia que desprende a cada paso… Será  porque se parece mucho a Cádiz. Me explico. Ambas son ciudades no productoras, con mucho funcionariado y movimiento estudiantil, con un ambientillo cultural muy heterogéneo y variopinto; muy sano y sin darse importancia. Homenajeando a Frank Capra, vive como quieras (sin molestar a los demás). Siendo capital de un país, el ritmo vital berlinés es bastante tranquilo y el summum: ir a la Berlinale. El llegar al Kino Internacional sito en Karl-Marx Allee 33 (ese edificio tan sobrio que parece un enoooorme ladrillo elevado) y disfrutar de La hija de Ryan (1970) en la mayor pantalla que yo haya contemplado jamás fue algo inenarrable. Estar rodeados de cientos de personas en una abarrotada sala donde la torre de Babel se hacía patente, el ver el film en inglés (irlandés para ser exactos) con subtítulos en alemán…Todo fue tan surrealista y tan bonito…ESCENA 3

PROYECTOR 2

Continuará…

P.D. Si habéis leído esto, sois la resistencia…

Acerca del Autor

Pablo Solís del Junco
La Venganza de Alan Smithee junior

Comentarios

  1. Por Mer

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