FRI(KINO)POLIS OF MY HEART (I)

UNA DECLARACIÓN DE AMOR

CINE BERLIN 2

Para los no iniciados en lenguas germánicas/tedescas, kino significa cine en alemán (homenaje a la Dori del Spree). Este no va a ser un artículo al uso. He pensado comentar en tres partes mis vivencias más o menos alocadas en relación con el séptimo arte, hacer toda una declaración de amor a algo de lo que he disfrutado mucho, me ha mostrado culturas desconocidas en su idioma original (V.O.S. forever) y me ha hecho crecer como persona. Soy más tolerante, menos egoísta, más culto y sobre todo más comprometido socialmente gracias a un cine proveniente de muchas partes del mundo que he tenido la suerte y las ganas de ver. No va a ser algo cronológico, sino a saltos. Como si me pusiera delante de un enorme lienzo y empezara a dar brochazos vitales de muchos colores en plan impresionista a diestro y siniestro.

Recuerdo por ejemplo el recoger una vez a mi amigo Gonzalo en el Instituto Coloma, donde él jugaba un partido de futbito. Ese día todo iba tarde, así que al acabar corrimos para llegar al defenestrado Delicias y ver una reposición de El libro de la selva (1967) de Walt Disney. Llegamos a lo justo y sudando como patos, pero mereció la pena. O cuando la primera vez que el gerente de los antiguos cines de Jerez (Jerezano, Luz Lealas y Delicias) se dirigió a mí una tarde y nos pusimos a hablar; como si tal cosa comenzó a hablarme de la época en que se proyectaban en las matinales pelis porno de gran éxito comercial tipo El fontanero, su mujer y otras cosas del meter. Aunque le seguí el rollo me quedé de piedra.

FOTOGRAMAS 2

Mis primeros recuerdos cinéfilos tienen que ver con mi madre, cuando me llevaba al Riba a ver las historias que un señor llamado Walt Disney nos contaba; como si fueran sueños nos sumergía en un mundo maravilloso, animado, onírico a veces, y sin darnos cuenta nos inoculaba el amor por el cine, la literatura clásica, el divertimento, la música, y no os olvidéis, la conexión con nuestros hermanos sudamericanos y su lenguaje rico, rico… Lo de E.T. el extraterrestre fue punto y aparte. Corría 1982. Mientras Naranjito daba patadas a un balón, Felipe González ganaba las elecciones generales y ya se estaban gestando, en un propicio caldo de cultivo, programas tan geniales e icónicos como La bola de cristal La edad de oro, hubo un antes y un después con E.T. El país se paralizó. Fue una bomba que nos explotó en la cara sin darnos cuenta, llena de emoción y sensibilidad, con esa música y esa bici voladora, con esa relación entre esos niños y ese extraterrestre que no entendíamos del todo pero que queríamos, en fin, Spielberg tocó la tecla apropiada. Él era un niño como nosotros pero con mucho dinero.

ESCENA 1

Pero si E.T. fue mi infancia, la película que marcó mi vida fue, es y será sin duda alguna El nombre de la rosa (1986). Hay veces que no te das cuenta de lo que supone un momento en tu vida en el instante en que lo estás viviendo, pero esa no fue la ocasión. Tuve la lucidez de pensar que a partir de ahí era otro, que iba a disfrutar de otro tipo de cine, con otro interés, con otra perspectiva. Una literal caída de caballo de un Pablo de Tarso cualquiera camino de Damasco. Fue en 1986 en los cines Cristina de Sevilla, con mis padres a mi lado y justo delante del que era en ese momento presidente de la Junta de Andalucía, José Rodríguez de la Borbolla, con su bastón y su porte de señor de alcurnia. No sé por qué siempre me ha recordado a Jaime de Mora y Aragón (supongo que los bastones y las perillas/barbas han ejercido esa influencia sobre mi persona).

DIRECTOR 2

Enlazando con ese cambio de ciclo que provocó en mí Jean-Jacques Annaud, a partir de ahí comencé con 16/17 años a visitar el Cine-club Popular de Jerez, que me abrió todas las puertas y ventanas de la percepción que hasta ese momento estaban tapiadas. Le debo mucho a todos esos martes noche en que peregrinaba desde casa de mis padres a la sala cultural de la plaza de las Marinas para abrirme a otros mundos, a otras realidades, a otras sensibilidades, en resumen, a otra forma de hacer cine. De alguna manera soy ahora como soy gracias a todos esos años que me han formado. Son la piedra angular del edificio y el hallado Santo Grial juntos. Y sigo peregrinando. Esa sala oscura es como una religión, sigo acercándome como si fuera la última vez que viviera una experiencia mística a la vez que popular. La V.O.S. en toda su pura esencia; eso no significa que todo lo que haya visto y vea en cinematecas y cineclubs sea bueno, pero al menos está cerca de lo que busco cuando entro en una sala. La búsqueda utópica e inalcanzable de la verdad, del compromiso y de las cosas hechas con las tripas y el corazón, siempre dentro de la subjetividad que cada ser humano tiene, y respetándolo aunque no se esté de acuerdo. Creo que no he perdido ni un ápice de ilusión después de todos estos años. He cambiado en algunos aspectos, no en lo esencial, pero en ese sentido me mantengo firme en mis convicciones.

ESCENA 4

Continuará…

P.D. Si habéis leído esto, sois la resistencia…

 

Acerca del Autor

Pablo Solís del Junco
La Venganza de Alan Smithee junior

Comentarios

  1. Por Dori del Spree

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