¿FEMINAE FILMAX?

MUJERES, OFICIO DE DIRECCIÓN


            Ando confuso. Me van a permitir ustedes que lo esté; y que sea también contradictorio. A mucha honra. Y es que voy a escribir sobre algo en lo que no creo demasiado. No hablo de las mujeres, a las que quiero, admiro y llegan a desestabilizarme a partes iguales. Ni en que se pongan o no a dirigir películas. Tampoco. Hablo del título de este artículo. Eso de crear una división entre hombres y mujeres en cualquier orden de la vida es para mí retrógrado, sobre todo cuando se trata del proceso de creación artística. Sé que somos diferentes en muchos aspectos, desde lo fisiológico a las prioridades pasando por la educación recibida, pero somos ante todo personas humanas, que diría Lopera. Y como tales actuamos. Tenemos un lado masculino y otro femenino independientemente de nuestro sexo, en algunos casos más marcado que en otros. Ahí está el meollo de mi crítica. Crear la diferencia “grupo de mujeres directoras” es en sí mismo algo negativo, que a mi parecer se vuelve en contra de las propias mujeres. Es como colocarlas en un guetto. Para terminar con esto y ser claros, el estilo y la óptica femenina no existen en el arte. Tampoco la masculina. Pero aquí estoy, hablando sobre ello. ¿No es una pura y maravillosa contradicción?

 SILUETA

            He visto mucho cine, bueno y malo, horripilante y hermoso, éticamente lamentable y honesto hasta la médula, divertido y trágico, pero nunca, nunca me he parado a pensar si lo había dirigido una mujer o un hombre. ¿Y saben por qué? Porque he contemplado de todo. Desde hombres que dirigían películas con una sensibilidad tan femenina que se encontraban muy cerca de desentrañar el universo de la mujer (como Douglas Sirk, Ingmar Bergman o el mismo Pedro Almodóvar) a féminas que narraban historias con una visión masculina o temas “que se consideran masculinos” (el mejor ejemplo es la directora Kathryn Bigelow). Imagínense ustedes el abanico de posibilidades.

 

            Dicho esto, seamos ahora políticamente correctos. El oficio del cine, como otros muchos, ha estado y está lleno de mujeres, lo que ocurre es que les ha costado más trabajo salir a escena, darse a conocer, brillar con luz propia, sobre todo durante la primera mitad del siglo XX. Un caso claro es el de la pionera y primera directora, la francesa Alice Guy, que fue alguien muy importante.

 

            Hoy vamos a centrarnos en la cinematografía española, desde sus orígenes hasta nuestros días. En esas mujeres que se atrevieron a ponerse detrás de una cámara. Como piedras angulares del primer tercio de siglo XX tenemos a dos:

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        -Helena Cortesina (Valencia 1904- Buenos Aires 1984): se considera la primera directora del cine mudo español. Comenzó como bailarina clásica y de music-hall, pasando posteriormente al cine para interpretar a Elvira Montes en La inaccesible (1920), con la que consigue tal éxito que monta una productora propia. En 1921 dirige  Flor de España o la leyenda de un torero, pero sus pobres resultados hacen que vuelva a la interpretación. Al llegar la guerra civil emigra a Argentina, participando entre otras en Bodas de sangre (1938) junto con otros exiliados como Margarita Xirgú, Enrique Diosdado o Amelia de la Torre. Viaja a México y en los años 50 vuelve a España para interpretar papeles secundarios, como Intriga en el escenario (1953).

        -Rosario Pi (Barcelona 1899- Madrid 1967): fue la primera directora del cine sonoro de nuestro país. Mujer emprendedora, tras algunos negocios propios se asoció con el mexicano Emilio Gutiérrez Bringas y el español Pedro Ladrón de Guevara para fundar Star Films, productora de la que ella era presidente.

        Su primera producción fue un mediometraje dirigido por Edgar Neville (¡Yo quiero que me lleven a Hollywood!, 1932), que tuvo cierta repercusión. En 1935 dirige su primer largometraje, El gato montés, y en plena guerra civil volverá a la dirección con Molinos de viento (1938), protagonizada por su joven amiga y protegida María Mercader, futura estrella del cine italiano y esposa de Vittorio de Sica. Ambas se refugian en París, consiguiendo Rosario varios papeles para María. De ahí se trasladarán a Cinecittá.

        La mente inquieta de Rosario Pi nunca descansó, colaborando en traducciones para los estudios y otros menesteres de producción. Volvió en la difícil posguerra a España, pero al no encontrar trabajo renunció al cine y volvió a sus negocios de moda y restaurantes en la ciudad de Madrid, lugar donde falleció.

 

            Podríamos hablar ahora de muchas directoras de nuestra cinematografía, pero sólo citaremos a unas cuantas que han dejado huella. Ana Mariscal, Pilar Miró, Icíar Bollaín, Chus Gutiérrez, Gracia Querejeta, Isabel Coixet, Silvia Munt, Josefina Molina, Pilar Távora o Mercedes Álvarez son claros ejemplos de un talento que iremos desentrañando junto con otros directores masculinos en otros números.

   P.D. Si habéis leído esto, sois la resistencia…

 

Acerca del Autor

Pablo Solís del Junco
La Venganza de Alan Smithee junior

Comentarios

  1. Por james

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  2. Por Mer

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