ESPERARÉ

Aún se oía tu risa en los corrredores de la tarde. El Sol se detuvo cansado a mirarte. La Luna, curiosa, quiso asomarse al umbral y casi sin querer, dejó caer el suave manto de la noche sobre tus hombros. El viento fue fijando una a una mil estrellas en tu pelo, una a una fue depositando a tus pies las hojas que el nuevo otoño había ido adormeciendo en las ramas de los árboles. Poco a poco, el dios Sueño te tomó en sus brazos y un gran silencio lo inundó todo.

Morfeo

Mi corazón quiso alcanzar la cima del tuyo. Probé por los más escarpados y ocultos senderos, mas, tu indiferencia me empujó una y otra vez al vacío, estrellándome con vehemencia contra la más dura soledad. Por fin alcancé tu cuerpo, y tu cuerpo me robó mi ser; atrapé tu voz, y tu voz me aturdió; conseguí tu mirada, y tu mirada me cegó; fuiste mía, y me hiciste tu esclavo.

Obstinado, volvió Morfeo a tomarte. Tú, Indiferencia, quisiste ignorarme, pero… aferrado a tu cuerpo, ya formaba parte de ti. Resignada, volviste a soñar.

Como cada día, el Sol logró arrebatarte el oscuro y tranquilo manto, vistiéndote de un nuevo y ligero amanecer.

Desde los rincones de la noche pude ver cómo nuevamente te alejabas con la mañana, indiferente… riendo.

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José Manuel Lasanta Besada
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