ÉRASE UNA VEZ QUE SE ERA

VEINTE AÑOS NO ES NADA

ÉRASE UNA VEZO casi. Concretamente dieciocho añazos. Allá por febrero del 98 me encaminé, como tantas otras veces, a los añorados y extintos (de verano con limón, please) Multicines Jerez. Fui a ver Sus ojos se cerraron y el mundo sigue andando (1997), del español Jaime Chávarri. Uno de los cineastas más versátiles que ha dado nuestro país. Director entre otras de El desencanto (1976), ese documental de culto sobre la inclasificable, intelectual y sórdida familia Panero, Las bicicletas son para el verano (1984), basada en la obra de teatro de Fernando Fernán-Gómez, que trata las vicisitudes, miserias y esperanzas de una familia madrileña durante el transcurso de la guerra civil española, o Las cosas del querer (1989), mezcla de musical y drama amoroso durante los años 40.

Es curioso que no recordara Sus ojos se cerraron…cuando hace casi un año escribí un artículo sobre el tango. Porque en esas se mueve, en el mundo del tango. De hecho utiliza como vehículo al más icónico personaje de ese género: Carlos Gardel. Pero no se trata de un biopic al uso, no, sino de una historia muy original; ambientada en los años 30 en la Argentina, se centra en una española residente en Buenos Aires, Juanita Romero (o una gallega, como dicen allende los mares). Mujer como muchas otras apasionada con Gardel y sus románticos temas, cuenta en primera persona que estuvo casada tanto con el cantante como con un tal Renzo Franchi, y que la gente al oírla la tomaba por loca. Ni ella misma sabe qué sucedió realmente. Así comienza la narración, con unas pocas frases de esta mujer que dan la clave y el tono de todo el filme, resultando una historia entre enigmática, misteriosa e increíble. A través de una casualidad y una serie de coincidencias, mezcla su realidad con una desbordante imaginación. Empieza una relación sentimental con el personaje de Renzo, que ve como un trasunto de Gardel por su parecido físico.

Sin desvelar la trama diré que se embarcarán juntos en un viaje por la Argentina profunda primero y más tarde por diferentes países hermanos como Perú o Colombia, en donde, acompañados por dos músicos que ya actuaban con Renzo, viven una serie de catastróficas desdichas y peripecias dentro de una gira musical que les lleva en primer lugar a un fracaso total, y posteriormente a la más absurda de las casualidades: Franchi tiene la oportunidad de sustituir al mismísimo Gardel en una gira latinoamericana. A partir de ahí todo se complica. El divismo del artista, la mezquindad del empresario y la picaresca del necesitado se reúnen para montar un quilombo de padre y muy señor mío.

Magníficamente ambientada en los 30, alternando imágenes de archivo con la propia ficción, tiene varios guiños que me recuerdan a otras historias ya vistas: el personaje del empresario que lleva a Gardel y lo ve como la gallina de los huevos de oro lo interpreta el argentino Pepe Soriano, actor que ya hizo de Francisco Franco en aquel filme de dobles identidades y dobles papeles que se llamó Espérame en el cielo (1988), con cierto parecido con esta que nos ocupa. 

O también aquella otra en que está maravillosamente imbricada realidad, ensoñación, invención e imaginación junto a una historia de lo más fabulosa, que atendía al nombre de La camarera del Titanic (1997), curiosamente del mismo año que la citada como figura central de este tríptico propio de El Bosco. Ahí  Aitana también es la protagonista del sueño hecho realidad o la realidad hecha ensoñación. Porque esa es otra, el cuarteto de actores que interpreta esta obra está de sobresaliente. Aitana Sánchez-Gijón aúna el carisma de su Regenta y la personalidad de su Duquesa de Alba para llevar el peso de la película. El argentino Darío Grandinetti se lleva a su terreno, de manera fantástica, dos papeles antagónicos, siempre desde la sobriedad y la contención. Ulises Dumont es uno de esos actores argentinos característicos al que he visto millones de veces y que siempre me transmite verdad, sencillez y ¡qué caray!, que es un actor como la copa de un pino. Me recuerda en algún caso a nuestro Pepe Isbert, grande en su humildad. Y como cierre del cuadrado tenemos a Juan Echanove, que hace como tantas otras veces de pusilánime, en este caso novio y enamorado de Juanita, sin ser correspondido, ya que puede más la imaginación de ella que el día a día. Su papel está muy conseguido, aunque a decir verdad y no sepa explicar bien el porqué nunca me acabó de convencer este actor. Lo siento, Echanove.

Finalizando por el final, como no podía ser de otra forma (pleonasmo tal que bajar abajo o subir arriba), comentar que hay un giro de los acontecimientos que me resulta brillante y que supone una exquisita y apetecible guinda para el pastel cremoso, sabroso y apetitoso que es esta obra. Sin destrozaros nada, el personaje de Juanita se transforma interiormente y se produce el milagro. Pasa de estar cegada por el mito a aceptar y abrir su corazón al hombre (que la quiere), para así no obsesionarse y echarse a perder con un icono que no va a reportarle nada a su vida personal. Me recuerda, salvando las distancias, a ese milagro de fe que contemplamos cuando en una de las últimas secuencias de Ordet (la palabra) (1955), la chica regresa de entre los muertos. Esclarecedor, sorprendente, espiritual, casi irreal.

Resulta gratificante la labor que la2 está realizando con el cine español. Ya alabé suficientemente hace unos meses al programa Historia de nuestro cine, pero no está de más recordarlo de vez en cuando. Tenemos la memoria tan atrofiada y poco estimulada como la Dori de Nemo. Seré el martillo pilón que machaque vuestras conciencias para que se valore primero a nuestra cinematografía como se merece, y a continuación a la cadena pública de TV por su empeño. Abrid los ojos, estad alertas. Mucha belleza, poesía, arte y cultura os esperan…

P.D. Tengo la impresión de encontrarme ante un artículo pobre en contenido y profundidad, parco en palabra y enjuto de ideas. La Gran Capitana que tengo por neurona se achicharró hace unos días. Por más que he intentado darle vueltas al asunto no me sale nada brillante ni interesante acerca de esta obra de obligado visionado para aquellos que nos guste Gardel y nos apasione el cine y el tango, el tango y el cine.

P.P.D. Si habéis leído esto, sois la resistencia activa…

 

 

Acerca del Autor

Pablo Solís del Junco
La Venganza de Alan Smithee junior

Comentarios

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