EL SILENCIO

Se vio acorralado por las olas en la madrugada, sin escape entre la línea de tierra y una marea tranquila pero inexorable que le puso cerco en la oscuridad.

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Buscó un lugar donde esconderse y donde hacerse fuerte frente a la presión cada vez mayor de ciudadanos ajenos a su huida. Un motor surgió de la nada y se le aceleró el pulso ante la inminencia de su caída. Dobló esquina tras esquina atento a roedores furtivos y felinos de ojos revelados por las amarillentas luces de las calles. Tras sus pasos ligeros el omnipresente batir de las olas. La alarma de un reloj sonó en la mañana. Vio cerca su final e intentó una inútil huida hacia la línea del horizonte. Allí, resignado y agotado tras toda la noche en fuga, se hincó de rodillas y murió con las primeras luces del alba. El silencio.

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José Manuel Lasanta Besada
José Manuel Lasanta Besada