EL MONSTRUO DE SIETE CABEZAS

Bob_Dylan-Town_Hall_1963I´M NOT THERE

No. Él no estaba allí ni lo estaría nunca. El chico de Duluth, Minnesota se había convertido en un ser mítico, cuasi divino, por obra y gracia de la música y del destino. Un ser con siete cabezas, siete vidas, siete almas… incapaz de entender el mundo que le tocaba vivir y menos aún entenderse a sí mismo. Para ser honestos, esta puede ser la crítica más subjetiva de todas las que lean sobre la película. Venero a Robert Allen Zimmerman (1941) y todo lo que significa, y en vez de escribir hubiera dado mi brazo izquierdo por rodarla. Pero intentaré buscar la mayor objetividad posible dentro del inquietante mundo de la subjetividad.

Todd Haynes (Los Ángeles, California 1961) ha realizado el film que yo soñaba sobre D. Desde que los norteamericanos adoptaron a los mejores cineastas del momento que huían de una Europa caída en desgracia por el ascenso de los totalitarismos y se convertían en la gran potencia cinematográfica (allá por los años 30 del pasado siglo) comenzaron a crear en gran número obras encaminadas a contar la vida y milagros de personajes ilustres o famosos de todo tipo de ámbitos, desde la política a la música pasando por las ciencias, el deporte o la historia. He visto muchas de ellas, algunas magníficas, pero la mayoría (sobre todo de los últimos treinta años para acá) pecan de lo mismo. Narran de una manera plana, sin matices y superficialmente las biografías, pasando de puntillas por los aspectos más oscuros del retratado en cuestión, no profundizando en ellos o simplemen-te no dando una visión personal o diferente por parte del director. Para eso cualquiera de nosotros podría coger una enciclopedia o meterse en la misma Wikipedia y sería lo mismo. Incluso nos ahorraríamos el precio de la entrada. Pero aquí no sucede. Se trata de una mezcla entre biografía y documental, cóctel que a la postre resulta espléndido. A la vez que Haynes muestra desde su punto de vista todas las caras del mito, el autor va intercalando entrevistas con un estilo heredero del documental, todo ello con saltos en el tiempo adelante y atrás que para nada son confusos. Bueno, aquí habría algo que puntualizar. Para poder entenderla y disfrutarla en toda su pura esencia (ya que es más compleja y con más capas de cebolla de lo que parece), uno tiene que manejar unas ideas básicas sobre el personaje protagónico.

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Lo que hace verdaderamente original a este biopic es la piedra angular del guión: la división de Dylan en siete personalidades diferentes, simbolizando cada una de ellas una etapa de su carrera a la vez que supone una evolución personal y musical. Brillante, Todd; golpe de efecto maestro que resulta una metáfora de lo poliédrico que es este artista singular, de cómo se fue reinventando a cada paso. Pero también nos hace reflexionar sobre la condición humana, sobre todos nosotros, que al igual que él somos muchos seres en uno. Contradictorios, sinceros, generosos, maniáticos, cultos, violentos, adictos, amantes, ególatras…la lista es larga. Esas siete personalidades van desde el rockero andrógino y enganchado que hace del cinismo y el nihilismo su bandera, pasando por el cantante folk que abraza el cristianismo y canta gospel, el actor de cine que se convierte en estrella, se ve atrapado en su mentira huyendo hacia adelante y pierde a su familia o el niño que escribe y canta canciones creyendo ser Woody Guthrie en persona. De esas interpretaciones destaco dos especialmente: Cate Blanchett como Jude hace que me tiemblen las piernas con su ironía y su imagen, y el lamentablemente fallecido y grandioso actor Heath Ledger provoca que mi corazón lata con más fuerza a través de su carácter y carisma en pantalla. Un caso aparte merece la espléndida actriz Charlotte Gainsbourg, que a medida que interpreta crece más y más. La cámara la ama y eso se nota. Es una actriz extraña, intuitiva y muy atractiva, con una belleza fuera de los cánones.

La recreación del ambiente de cada época/personaje es espléndida, cuidada, con la fotografía del maravilloso Edward Lachman mezclando B/N y color, con la emulsión y el grano adecuados. El montaje tiene ritmo a pesar dela extensión del metraje y los toques surrealistas, mágicos e incluso oníricos enriquecen el conjunto.haynes2

Y por supuesto, la música. La gran protagonista. Dylan venció todos los obstáculos: enclenque, feucho y con una voz nada melodiosa que chocaba de frente con los gustos de los primeros años 60 cantaba canciones que siempre iban perfectamente integradas en la época pero complejas, metafóricas y poéticas a partes iguales; incomprendido y controvertido llevó y sigue llevando la música tradicional a cotas impensables. Por encima de idiomas, creencias religiosas o preferencias sexuales se nos siguen poniendo los pelos como escarpias cada vez que en la radio de la cocina, un martes cualquiera, suenan las primeras notas de “Like a rolling stone”.

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PELÍCULAS/DOCUMENTALES RELACIONADOS:

NO DIRECTION HOME (2005)

DON´T LOOK BACK (1967)

THE LAST WALTZ (1978)

BOB DYLAN IN CONCERT (1986)

RENALDO AND CLARA (1978)

PAT GARRETT & BILLY THE KID (1973)

P.D. Si habéis leído esto, sois la resistencia…

Acerca del Autor

Pablo Solís del Junco
La Venganza de Alan Smithee junior

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