EL CAOS QUE MIRABA AL COSMOS Y VICEVERSA

CanicasDe pequeño solía asomarme al cajón donde mi hermano mayor guardaba sus cosas. Era una experiencia fascinante. Todo aparecía allí, ordenado en una maravillosa armonía que permitía registrarlo a hurtadillas con la garantía de que si se cuidaba un poco, nuestra sana curiosidad pasaría inadvertida. Debajo del suyo, se encontraba el de mi otro hermano. También era en cierto modo interesante porque te permitía hurgar en él y que tu curiosidad pasase más inadvertida. Eran algo así como el Cosmos y el Caos materializados en unos pequeños espacios delimitados por las seis caras de dos cajones de un aparador de los años sesenta color caoba. Bajo el de ambos, se encontraba el mío. No sé si el orden-desorden de los dos anteriores intentaba plasmar una convivencia que ya desde pequeño creía era necesaria.

Crecimos. La realidad constreñida entre aquellos muros de pseudocaoba de seis caras también creció. Acabamos tomando rumbos dispares, pero no consigo rememorar aquellos maravillosos años de nuestras infancias sin estar convencido de que tanto el que parecía ser el Cosmos materializado en cromos perfectamente alineados, cajas de hermosas esferas de vídrio, pequeños objetos, lápices, libretas; como el que mostraba una tendencia a la anarquía manifestada en una explosión digna del Big-Bang hecha de colores sin organización clara, intentos de seguir los trazos que los lápices de colores del primero iban delineando sobre las hojas blancas de los cuadernos, fotografías de futbolistas y motociclistas de éxito de la época, eran compatibles. Al fin y al cabo, no creo en el equilibrio perfecto. Creo que todo Cosmos, lleva en sí el germen del Caos y que éste, está tarde o temprano abocado a aquel.

Mientras tanto, este viajero del Universo formado por canicas de múltiples colores, cromos y líneas estelares dibujadas sobre blancas hojas de libretas y cuadernos, siguió y aún sigue tratando de ubicarse en un espacio en el que a veces es atraído peligrosamente por las fuerzas de gravedad de inciertos planetas; y otras, avanza en una nave propulsado por una energía que aprendió aunque fuese a duras penas a controlar con el objeto de llegar algún día a establecer su propia base interestelar. Mirando eso sí, de reojo al Cosmos y al Caos por aquello de estar atento a cuándo se desataría la lucha entre ambos. Una lucha que como siempre, llevaría en sí lel germen de una nueva realidad.

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José Manuel Lasanta Besada
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