EL BUCLE

Bajé la ventanilla de mi automóvil y llamé a la mujer de melena oscura que caminaba pegada al borde izquierdo de la carretera. Con un movimiento lento de su cabeza, se giró hacia mí y unos serenos ojos verdes me sonrieron con amabilidad. “Llevo viéndole por aquí desde hace días, semanas tal vez” -me dijo-. “Juraría que está usted perdido” -continuó con voz tranquila-. “En efecto, lo estoy” -respondí un tanto extrañado por su comentario, al tiempo que una enorme lechuza se lanzaba desde la rama de una encina en busca de algún roedor-. “Llevo rato buscando la salida hacia la capital y no acabo de encontrarla. Una y otra vez vuelvo a este punto de la carretera” -le confesé-.

Carretera de noche

No había bebido mucho puesto que no quería tentar a la suerte en una vía que no conocía más que a través de los mapas de carreteras. Tampoco soy amigo de los modernos sistemas de navegación. La fiesta en casa de Blanca había acabado hacía una hora y media y no había querido aceptar su invitación a pasar la noche con su familia. “No soy amigo de molestar” -me excusé-.

La mujer de ojos felinos, vestida con un oscuro y anticuado traje de fiesta calló por unos instantes y de nuevo con una serenidad que helaba la sangre manifestó: “También yo ando un tanto perdida. Dejé hace ya años la fiesta de Blanca Cortés pero no acabo de avanzar por este camino. Una y otra vez la noche me devuelve a este punto en el que un joven como usted, también perdido, me pide ayuda para romper este bucle en el que parece haberse convertido nuestras vidas”.

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José Manuel Lasanta Besada
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  1. Por Marta

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