EDUCADORES

Según datos de la UNESCO -Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura- en el mundo existirían cerca de 800 millones de personas analfabetas de las cuales la mayoría son mujeres y niñas. ¿Se imaginan ustedes la existencia sin la facultad de la lectura, sin el más mínimo acceso a la educación?

Entre las imágenes que guardo de mi infancia una permanece especialmente nítida. Es la de una de mis maestras enseñándome a leer. Recuerdo que como recompensa por lo que supongo era un buen hacer, me obsequió con un regaliz que yo acepté gustoso, aunque mi paladar no estaba preparado para él. Aprender a leer. Como diría Neil Armstrong al pisar la Luna, «Es un pequeño paso para un hombre, pero un gran salto para la humanidad».

Educadores

Siempre recordaré -un poco como el Comandante Aureliano Buendía en Cien años de soledad– aquel día en el que uno de nuestros maestros nos recitó el poema número 20 de Pablo Neruda. “Puedo escribir los versos más tristes esta noche…” Sencillamente, aquello me conmovió tanto que desde entonces me interesé por la lectura. Recuerdo que aquella misma tarde reuní mis ahorrillos y fui de librería en librería buscando un ejemplar del los “20 Poemas de amor y una canción desesperada” de Neruda.

Es la del profesor o el maestro una de las ocupaciones más hermosas que puede tener una persona, y sin embargo, una de las más azotadas por el temible estrés laboral. Víctimas de políticas pendulares en las que el partido que llega al poder da un bandazo y pasa a legislar en contra de lo que su antecesor hizo, de una población joven sumamente desmotivada y muchas veces mal canalizada por los propios padres. No es infrecuente encontrarse con comentarios de éstos que denotan la creencia de que los centros educativos son una especie guarderías donde tener más o menos controlados a sus hijos. Mal andamos con esa base.

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José Manuel Lasanta Besada
José Manuel Lasanta Besada

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