DESEO + CULPA = ¿REDENCIÓN?

NYMPH(  )MANIAC

Querido Lars:

LARS IAntes de empezar a hablar sobre tu último filme estrenado en dos partes, Nymphomaniac (2013), quiero que por favor me hagas llegar la dirección de tus padres para mandarles una carta de agradecimiento. Quiero darles las gracias por haberte criado como lo hicieron. Rememoro una entrevista que concediste hace años donde explicabas que de pequeño la educación que te dieron fue de una libertad absoluta: “Papá, papá, quiero acercar la mano al fuego de la cocina.” “Vale hijo, te aviso de que quema y hace daño, pero si deseas hacerlo no te lo impediré”. Y el pequeño Lars (que aún llevas dentro) acercó la mano y se quemó. Y ya no lo hacías más. Así en todos los órdenes del aprendizaje, y of course así sales luego, amigo Lars. Raro de cojones. Elucubrando mucho me atrevería a afirmar que esos años fueron el germen de lo que posteriormente sería el movimiento Dogma (que creaste junto con otros autores), cuya principal característica era la libertad técnica y estética que respiraba, con su famoso decálogo. Esto me recuerda lo que en una ocasión dijo el cineasta mexicano Arturo Ripstein en referencia al movimiento. Que le parecía lo más antiguo del mundo y nada novedoso, ya que en su país, con la brutal falta de medios, de siempre se hacía Dogma, con lo que se podía, improvisando e innovando a cada paso…

En tu cine, habitualmente las protagonistas son mujeres, pero no mujeres cualesquiera. Están hechas de otra pasta. Son personajes de féminas sufridoras y sufrientes, doloridas y dolientes, casi podríamos decir como dolorosas en el más puro y religioso sentido de la palabra. Se lo haces pasar muy mal a las pobres en los rodajes, acaban traumatizadas, y por eso ninguna ha repetido en otra peli tuya, excepto una: Charlotte Gainsbourg, que parece ser la horma de tu zapato. Es de largo la única reincidente, con nada menos que cuatro obras, incluyendo la doble Nymphomaniac sobre la que hablaremos enseguida. La verdad es que no es una actriz muy común, es bastante especial, intuitiva y poco corriente en su mundillo. A mí me tiene particularmente subyugado. Me atrae mucho su particular relación con la cámara, su forma de moverse, su mirada, su arriesgada carrera, con personajes muy borderline. No es nada hermosa pero resulta atractiva y enigmática, no sé cómo explicarlo…
Me fascina tu cine, señor Von Trier, pero me alegro de no conocerte en persona porque debes ser bastante insoportable, egocéntrico y cargante. Chico, que te aguante tu equipo técnico, tus actores y tus actrices…Centrándonos ya en la película en cuestión (hablaremos siempre de ella como un todo unitario de cuatro horas), nuevamente la divides en capítulos de títulos sugerentes, como si fuera un largo cuento envenenado lleno de metáforas y con una clara moraleja. El uso de la música resulta fascinante y particularmente acertada, mezclando música clásica y de cámara con clásicos modernos que enriquecen la historia. Como buen nórdico haces una cosa muy bien: tratas temas muy serios que son escabrosos o tabúes (en este caso la ninfomanía femenina), que en cualquier momento se te podrían ir de las manos por tomar partido o ser muy emotivo pero que controlas a la perfección, alejándote con la cámara, manteniendo una distancia y realizando un análisis frío que hace que sea el espectador el que tenga que hallar respuestas. Tú planteas preguntas pero no las respondes. Y nunca juzgas ni tomas partido. Es un ejercicio enriquecedor para el espectador que desee jugar a tu juego. Tu estética y tu estilo parecen transgresores y rompedores con las normas, pero en el fondo eres más clásico que las vías del tren. Transgresor en las formas, clásico en el fondo. De nuevo lo reflejas en Nymphomaniac. En un soberbio montaje rompes la pantalla en dos y tres partes, usas el B/N, desarrollando un espléndido guión lleno de matices y trufado con tu habitual voz en off, además de otros recursos. Aunque no sea tan evidente como esos experimentos minimalistas de Dogville (2003) y Manderlay (2005), siempre acabas sorprendiéndome.  Pero el fondo de la historia y la resolución son clásicos.

Este fresco que mezcla muchas tramas y no pocos temas tiene una columna vertebral: el relato que Joe le hace a Seligman durante todo el metraje, una vez que este la recoge de la calle una fría y nevada noche en un lamentable estado. Un comienzo muy de los tuyos, pausado y lleno de poesía. Me recuerda mucho a aquella confesión que un anciano Antonio Salieri le hace a un pusilánime sacerdote en un manicomio, acerca de su relación con Mozart, en Amadeus (1984). El final no se parece mucho pero eso es lo de menos.
También me vienen a la memoria otras obras tuyas, Lars, que tienen en sus temáticas un parecido a ésta, como Rompiendo las olas (1996) o Anticristo (2009). Paralelismos entre sexo y religión, por supuesto con el sentimiento de culpabilidad como telón de fondo. La educación judeocristiana que lo envuelve todo. En un momento dado Seligman le dice a Joe que por qué se queda con la característica más negativa de la religión y no con otras…, pero supongo que resulta complicado deshacernos de ese estigma, y eso que Joe fue educada por un padre permisivo, nada autoritario, cariñoso y muy cercano, con el que mantenía una relación muy especial. Le enseñaba a leer y a observar la naturaleza, centrándose en los árboles. Son secuencias muy hermosas, Lars, que consiguen emocionarme, ya que suponen un contraste brutal con la frialdad del resto del filme; a la vez que transmiten amor paterno-filial suponen un reducto de recuerdos, de infancia, de espiritualidad y de poesía. Porque eso no te lo puede negar nadie, cuando te pones poético no hay quien pueda contigo. Como te digo una cosa te digo la otra. El padre le enseña a buscar su árbol especial, lo que llama el árbol-alma. En invierno, desprovistos de hojas, aparecen como desnudos, frágiles, y ahí es donde se reconoce el alma de los árboles. En una secuencia donde me pones los vellos como escarpias, la protagonista ya adulta, en medio de un páramo y mientras asciende por unas rocas, acaba por encontrar su árbol-alma. Uno que va mucho con su personalidad. Solitario, retorcido y medio vencido por la acción de los vientos. Muy emocionante toda esa secuencia y ese plano fijo de los dos seres vivos uno frente al otro, hallándose, conociéndose, admirándose… Esas reflexiones sobre la naturaleza y su entorno son impagables, amigo Lars. Magnífica la voz en off durante toda la película. Pero en la secuencia de la muerte del padre (sin entrar en detalles) te pasas cuatro pueblos, vuelves a desbarrar y provocas. Porque eso es lo que eres en el fondo, un provocador. Me encanta que lo hagas; a mí me provocas a veces risa, y estupor otras, nunca indignación.

Joe en el fondo es una buena persona. Lo que ocurre es que la vida la ha llevado por unos vericuetos insondables que aparte de proporcionarle placer inmenso provocan en ella un turbio y lacerante dolor. Es la ambivalencia del deseo: por un lado disfrutamos con lo que deseamos pero por otro estamos pensando, ¿pero qué estamos haciendo si eso mismo nos hace daño y se lo hacemos a los demás? Y entonces nos viene la represión y la culpa. Estos dos polos opuestos están ejemplificados en los dos personajes protagónicos. Joe como adicta compulsiva al sexo y Seligman como célibe, casi como sacerdote. Lo ideal sería buscar el término medio. Pasa que cuando estamos dominados por unos instintos que en muchas ocasiones nos devoran no podemos controlarlos y se adueñan de nosotros, convirtiéndonos en esclavos de ese deseo. Esto enlaza con algo que planteas o intuyo que haces: el síndrome de la casilla vacía. Buscamos a lo largo de nuestra vida llenar esa casilla con una cosa u otra, y cuando lo hacemos aparece otra en el extremo contrario del tablero de las emociones. Somos la insatisfacción permanente con patas. Si eso lo unimos a la contradicción que muchas veces nos acecha, la bomba de relojería psicológica y emocional resulta letal, y aunque parezca un contrasentido, muy humana. Eres terriblemente inteligente y retorcido. Todo este tortuoso camino nos lleva a Freud. El vienés lo que nos quiere decir en realidad con el psicoanálisis es que hay que ir en búsqueda de lo vital, de la pulsión; habla por un lado de Eros (el deseo, la vida) en oposición a Thanatos (la muerte). De eso básicamente habla la película.
Las secuencias de sexo son muy explícitas y numerosas, pero al ser como un estudio/análisis (casi médico) de ese trastorno psicológico que es la ninfomanía, en casi ningún momento te excitas con ellas. Lo haces todo muy aséptico, señor de Trier. Curiosamente las partes más emotivas tienen que ver con el padre de Joe, con esos recuerdos… La cantidad de actores y actrices conocidos y con talento es abrumadora, algunos en papeles muy pequeños, pero se nota que todo el mundo quiere en algún momento de su carrera trabajar contigo. Debe de ser estupendo para el currículum, pero también arriesgado dado tu carácter, ya que pueden salir tocados. Tiene su puntito masoquista, la verdad….Todos están magníficos, pero la Joe joven, Stacy Martin creo que se llama, sobrecoge. Escalofriante su actuación, no tanto por entregarse y darlo todo sino por esa mirada. Además de otras cosas se come la cámara… Parece frágil pero no lo es tanto.
Parafraseando de alguna manera a Jack Nicholson, que dijo una vez de Roman Polanski: “el pequeño bastardo es un genio”, yo digo que tú, Lars Von Trier, eres un puto genio loco danés. Lo de danés quizá sea lo menos significativo.

            Un admirador, un esclavo, un amigo, un siervo,

                                                                                          P

 NYMPHOMANIAC

P.D. Si habéis leído esto, sois la resistencia…

 

Acerca del Autor

Pablo Solís del Junco
La Venganza de Alan Smithee junior

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