DEMASIADO RUIDO

El silencio de esta noche es reconfortante. El olor a café se va disipando y los únicos sonidos que me acompañan son el de las teclas y el ventilador de este ordenador desde el que me comunico contigo. En caso, eso sí, de que haya alguien al otro lado de esta pantalla cada vez menos blanca.

Vivimos, eso creo, cada vez más en un mundo desbordado por el ruido. Ruido de todo tipo. Amanece y la pantalla de nuestros supuestamente inteligentes teléfonos nos da los buenos días con los últimos chismorreos, banalidades, noticias tanto falsas como cercanas a la realidad, opiniones, crucifixiones y comuniones, música, anuncios… la radio nos marca el ritmo de la mañana. Bob Esponja y la Patrulla Canina uniforman a nuestros pequeños.

Echo de menos el sonido de las páginas de los libros al ser pasadas por mis dedos. Echo de menos el silencio de noches como esta. Echo de menos la paz que para mí representaría que la ambición de nuestros representantes se evaporase como el aroma de ese café de hace unos minutos. Echo de menos un informativo en el que no se ladren los unos a los otros. Echo de menos la sensatez de no dar bandazos de un lado para otro en la toma de decisiones políticas. El consenso. Echo mucho de menos el consenso. Nadie tiene toda la razón. Ni derechas ni izquierdas. Todos tenemos derecho a un trocito de razón. El sol debe salir para todo el mundo. Echo de menos el silencio. Hay demasiado ruido fuera de la noche.

Iñaqui Gabilondo, a quien cuando seguía consideraba un hombre lúcido, dijo una vez que no era capaz de escuchar música y leer al mismo tiempo. También a mí me sucede lo mismo. No estoy diciendo, cuidado, que yo sea lúcido.

El silencio. Echo de menos el silencio.

Hay mucho ruido ahí fuera. Aquí. A nuestro alrededor. Pegado a nuestra piel.

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José Manuel Lasanta Besada
José Manuel Lasanta Besada