CINEASTA Y POETA DEL HAMPA

 

LEWISJOSEPH H. LEWIS

Quiero pedir disculpas primero a mis “incondicionales” seguidores por la pequeña traición que voy a perpetrar. Hace tiempo que quería comentar algo de este director de culto algo olvidado hoy día pero que me parece fundamental en la historia del cine. Y ¡vive Dios! que lo he intentado, me he puesto a ello pero el síndrome del papel en blanco o más bien el de la papelera llena de ideas sin sentido ha venido a visitarme sin avisar. Recordé entonces que de entre los muchos artículos que en su momento llamaron mi atención y recorté tenía uno sobre este cineasta neoyorquino escrito por un tal Javier Memba, que no sabía quién era. Investigando en internet descubro que es un prestigioso periodista, novelista y sobre todo un gran crítico cinematográfico que ha escrito muchos libros sobre la materia que tenemos en común. Leyendo el artículo me di cuenta que mejor no podía plasmar lo que yo pensaba sobre Lewis, y he decidido transcribirlo palabra por palabra. Hay que ser honesto y saber hasta dónde puede uno llegar. Que lo disfruten. Felicidades, Memba.
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“Mientras los cinéfilos, fascinados por la sombría personalidad que delataba su estilo, se preguntaban cuál era su vida desde que abandonara el cine a finales de los años 50 y la televisión a comienzos de los 70, Joseph H. Lewis fallecía el 30 de agosto de 2000. Autor de una trilogía que preside el parnaso del cine negro – la integrada por Relato criminal, El demonio de las armas (ambas de 1949) y Agente especial (1954) – Lewis, junto a Roger Corman, Budd Boetticher y pocos más, hizo de la serie B ese placer exquisito que es hoy para los amantes del buen cine.
Nacido en Nueva York en abril de 1900 en el seno de una familia de origen israelí, el futuro cineasta cursó estudios en la De Witt Clinton High School de su ciudad natal. Debido a las dificultades económicas, su formación quedaría incompleta, quizás fuera esa la causa de que uno de los soplones de Relato criminal, antes de hacerse contable de la mafia, intentase acabar sus estudios.
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Dejando a un lado las especulaciones, Lewis empezó a trabajar en el cine como ayudante de cámara al servicio de la Metro. Ya en 1935 es montador de la Republic y dos años después comienza a dirigir una serie de westerns encabezada por Courage of the west. Llama la atención por primera vez con Minstrel man (1944), donde cuenta con la escenografía de otro de los más grandes, Edgar G. Ulmer. El aplauso conseguido entonces se ve revalidado en el 45 con My name is Julie Ross, su primera obra maestra. A ésta seguirá El espadachín (1947), su primera cinta estrenada en España: todo un alarde de sadismo.
Pero el Lewis que veneran los cinéfilos, aquél que mueve su tomavistas con el mismo lirismo que el poeta utiliza la pluma, es el de la trilogía ya referida. Después de ganarse durante el rodaje de Relato criminal la maldición de la industria merced a sus enfrentamientos con Stuart Rosenberg, su productor, la cinta será presentada por la Columbia, su productora, como una “joya de la pantalla”. Si bien el calificativo no es en modo alguno exagerado, Lewis alcanza su más alta cota en El demonio de las armas. Era aquella la historia de una pareja de criminales fugitivos tan bella como el argumento requería. La secuencia del atraco al banco de Hampton, rodada en un solo plano, figura en la antología ideal del buen cine.
No obstante, las malas artes de sus enemigos, que hubieron de ser legión, condenaron a Lewis a los bajos presupuestos. De esta forma, con más talento que medios, el maestro rodó Paralelo 38, A lawless street y Terror in Texas Town. En cuanto a su actividad en televisión, hemos de recordar con idéntico entusiasmo series como El hombre del rifle y Gunsmoke que, con tanto interés, seguimos hace 30 años en España.”
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Si habéis leído esto, sois la resistencia…

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Pablo Solís del Junco
La Venganza de Alan Smithee junior

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  2. Por Lazio

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