CAMBIO DE PIEL

Notó algo extraño al quitarse la corbata mientras abría la puerta. Una ligera descamación en el cuello que le produjo un enrojecimiento. No le pareció nada de importancia en un primer momento. Se desvistió, se puso ropa más ligera y comió aquello que Juana le había dejado en sendas fiambreras. Un excelente salmorejo que preparaba la mujer cordobesa, y un poco de carne mechada.

Cambio de piel

La tarde transcurrió tranquila entre notas de chellos y violines afinados por Bach y Mozart y uno de los libros que descansaban sobre la mesa. Ya por la noche, el mundo volvió a ladrarle desde la pantalla del televisor del bar al que solía bajar para tomar unas cañas y alguna tapa. Volvió a casa caminando despacio, con la sensación de que poco a poco algo se iba desprendiendo de su cuerpo. Cansado, se metió en la ducha y sin sorprenderse, vio como por el desagüe iban colándose prisas, bocinazos en la mañana, la última traición de uno de sus supuestos compañeros de trabajo, la inevitable bronca de su jefe inmediato, miradas cómplices a varias oficinistas, absurdas discusiones de taberna acerca de qué equipo de fútbol era el mejor, cartas del banco recordándole la necesidad de hacer frente a su préstamo hipotecario, facturas de electricidad, agua… toda una vida al margen de su reducto de paz.

Escamas

Se secó, se metió entre frescas sábanas y su piel se unió a la de Paula que hacía ya tiempo le aguardaba con su epidermis regenerada.

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José Manuel Lasanta Besada
José Manuel Lasanta Besada

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