¡AU REVOIR, ENFANT TERRIBLE!

MI ÁNGEL ABANDONÓ VOLANDO SU GUARIDA

JAVIER KRAHEAunque sea viernes, hoy no tocaba. En los últimos tiempos estoy cambiando de opinión acerca de lo que voy a escribir (y cuándo) más que una veleta un día de viento racheado. Y es que la vida y la muerte se te cruzan por delante y no hay nada que hacer… Esto será la excepción, la comúnmente conocida como la que confirma la regla. Este artículo no va a versar sobre cine. Tranquilo, José, no voy a pisar tu terreno de poéticos pensamientos en voz alta y de reflexiones sobre el ser humano (y lo que le rodea) que tanto me gustan. Sólo deseo homenajear a mis tíos Gonzalo y Juan, que fallecieron hace unos días en un intervalo de apenas veinticuatro horas. Aún no lo he asimilado del todo, pero poco a poco vamos incorporándonos de nuevo a la vida. Es lo que hubieran querido, supongo.

No hablaré de ellos directamente, ya que se convertiría en un proceso de escritura muy duro, incluso masoquista. No tendría carácter liberador en contra de lo que pudiera parecer, porque ya vertí muchas lágrimas estas pasadas dos semanas que me han limpiado por dentro y me han servido de catarsis. Sería como revolcarse en el fango, y no soy ningún cerdo. Utilizaré un vehículo para recordaros. Va por vosotros.

Un día como hoy hace ya siete meses falleció, en circunstancias muy diferentes y a los 71 años, ese genio popular no suficientemente alabado que era (mejor dicho es y será; mientras escribo estas líneas estoy escuchando su disco grabado en directo Elígeme, de 1988. Ahora está sonando La tormenta) el caballero enjuto Javier Krahe. He de reconocer que hasta que no cumplí los twenty-five no sabía de su existencia, sólo alguna somera referencia tangencial. Pero una tarde de verano a finales de los 90, mientras estaba disfrutando de un par de semanas de paraíso (encontrado) en Zahara de los Atunes escuché, entre rumores de ola y una brisa serena de poniente en plena playa de los Alemanes, un programa de Radio3 donde lo estaban entrevistando. Hablaba este tipo, curioso en su manera de expresarse, que me llamó mucho la atención. Al instante conecté con él en sus reflexiones y su sentido del humor; contaba el buen hombre que la mitad del año vivía en un lugar que había convertido en su Shangri-La particular. ¡Zahara de los Atunes! ¡Qué tío más sano de mente y más cojonudo! Estábamos en ese instante en el mismo lugar del planeta, como no había mundo… Fue un momento extraño y mágico a la vez, una suerte de conexión y flechazo instantáneo, como el Colacao deshaciéndose en leche calentita. Aunque a decir verdad no sé quién sería el Colacao y quién la leche…

Ahora que te conozco te tutearé. El caso es que a partir de ese momento comencé a interesarme por tus discos y entrevistas. Descubrí a un ser terriblemente coherente, divertido y socarrón, con unas canciones llenas de imaginación, de ironía, con un puntito melancólico. Preñadas de profundidad a pesar de parecer frívolas. Trufadas de juegos de palabras, de inquietudes, de giros en el lenguaje y en la música, rica y diversa. De verdades como puños tamizadas con un sentido del humor muy ácido a veces, otras sarcástico, las más de las veces cercano y tierno. De Cuervo ingenuo (ahora mismito suena en el CD este alegato valiente y antimilitarista que causó enorme polémica en su momento) no tenías nada. Hombre vividor, ácrata, algo eremita, amigo de tus amigos y nada amante de algarabías y bullicios. Lo del famoseo artístico se lo dejaste a tu compay Joaquín; eras mucho más discreto, de lugares pequeños para actuar, de fidelísimos fieles y de nocturnas costumbres.

No es este un púlpito para hablar de tu trayectoria larga y fructífera. Para eso tenemos ya muchos artículos, algún que otro libro e incluso un documental de no hace mucho, titulado Esta no es la vida privada de Javier Krahe (2005). Estamos aquí para transmitir sensaciones y momentos que me vienen a la cabeza. Por ejemplo, tuve la enorme suerte durante esta centuria recién nacida de poder disfrutar de cuatro de tus conciertos nocturnos. Siempre en Jerez y siempre en La Guarida del Ángel. Grandes recuerdos llenos de risas, sonrisas, complicidades y buena compañía. Siendo tus canciones pequeñas obras de arte, ganan muchísimo en directo, ya que las aderezas con unos monólogos previos que vaya tela…

El título en francés de este artículo viene a colación por tus influencias. Aparte de la poesía del siglo de Oro español y la Generación del 27, tu principal referencia artística fue el inconfundible e inimitable Georges Brassens, al cual recordé hace poco poniendo una hermosísima canción sobre la vida después de la vida. Mejor dicho, sobre el deseo de que allá donde viaje nuestro espíritu ese sea un lugar mejor y más puro, más libre. Que conste, para nada hablo de religión. Nombro la palabra espiritualidad. Estoy convencido de que al menos en espíritu (si no en carne y huesos), estarás para mí siempre enterrado en la playa de Zahara, al igual que Brassens quería dar eternos paseos en pédalo por la playa de Sète. Señor Krahe, eres un krack.

Gracias Krahe. Gracias Pradera. Gracias Cohen. Gracias Rodrigues. Gracias Dylan. Gracias Baez. Gracias Sabina. Gracias Sosa. Gracias Brassens. Gracias Évora. Gracias Cafrune. Gracias Linares. Gracias Ibáñez. Gracias Cano. Gracias Moustaki. Gracias Ruibal. Gracias mil a muchos más porque, parafraseando a Radio3, eres lo que escuchas.

Gracias Juan. Gracias Gonzalo.

P.D. Si habéis leído esto, aparte de la resistencia, sois profundamente sensibles. ¡Viva la sensibilidad masculina!

 

Acerca del Autor

Pablo Solís del Junco
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Comentarios

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