AMOR EN FRIO

Dicen que es blanca. Ayer atrapó a otro amigo. La miró a los ojos. Hechizado. Ella le hizo un gesto. Le dio la espalda. Hechizado. Emborrachado, sintiendo su calor en las venas. Su mente subió, voló y subió, y volando, cerró los ojos y se abandonó al viento. Ella, blanca, lo dejó envuelto en sábanas de sangre con la vida derramándose en el frío.

También los atrapó a ellos. He oído que no hace mucho, el hermano de mi enemigo, envuelto en sábanas de sangre, murió. Tenía un puñal clavado en sus venas y de ellas brotaba una sangre blanca y fría.

Ana también la conoció. Su amor le dió alas, rompió las barreras de su soledad. Le dió alas blancas con las que logró posarse al borde del abismo. Caminó algún tiempo por una imperceptible línea que le separó del vacío. No tardó en descubrir que sus alas eran de cera, tan blandas como las que en otro tiempo traicionaron a Ícaro.

Mujer alada

Tan blandas que el frío sol de cualquier invierno las derritió casi sin esfuerzo. Entonces, ya sin alas, se vió a sí misma andando por la delgada frontera que la separaba de la nada. Alguien le tendió una mano a tiempo y el vacío no se la tragó.

Extraña amante. Cruel forma de amar la que troca sangre roja y ardiente en polvo blanco y frío. Frío como ella, como el sol que un día derritió las alas de Ana.

Hoy, temo que volverá a hechizar a algún amigo, a algún enemigo.

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José Manuel Lasanta Besada
José Manuel Lasanta Besada

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