A LA DERIVA

Casi todo el mundo la consideró un caso perdido. Pocos apostaban un céntimo por ella. “Es inútil luchar por lo que inevitablemente se llevará la corriente en la que se introdujo hace ya tanto tiempo”, decían.

barca varada

Pero ella se aferraba a alguna tabla que de vez en cuando las olas le acercaban a sus brazos ya al límite de la resistencia. Algún que otro nadador trataba de arrojarle con insistencia y desesperación salvavidas que indefectiblemente se hundían en mares de dolor. Braceaba insistentemente apegada al que siempre parecía su último aliento. En contra de todo lo que parecía su final, ella luchó siempre y tuvo la suerte de encontrar a alguien que nunca la dio por perdida.

Poco a poco fue llevada por las olas favorables hasta una orilla en la que fue depositada. Exhausta, se tumbó sobre la arena y muy lentamente, fue recuperándose de la pesadilla que había vivido.

Restañó sus heridas día a día. Caminó con paso más firme a medida que la devastadora experiencia quedaba atrás. Una mañana, se sintió lista para volver a navegar por un mar que nunca más volvería a amenazarla con arrojarla contra los escollos de ninguna costa.

velero

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José Manuel Lasanta Besada
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